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Habréis
tenido conocimiento, sin ningún género de dudas, del apocalíptico
final de la epopeya levantina que a punto estuvo de acabar con la vida
de vuestra prima la Duquesa de Montespán
y de toda la corte y, asimismo, de la feliz vuelta a la
normalidad del hermoso y feraz condado de los Vergeles, si bien
hayamos tenido que lamentar la desaparición de la señora Condesa, Doña
Maria de Las Mercedes que, parece ser, pereció durante los tumultos
que acabaron con tan bello dominio. A pesar de todo, el susodicho
condado, se está rehaciendo bajo el gobierno de un Directorio de
Notables que han tomado las riendas de la República al no haber ningún
heredero conocido de la finada condesa.
Pero no es el informaros de ello, cosa que por supuesto ya sabéis,
por lo que os escribo esta misiva, sino para pediros que me aconsejéis
en un asunto de triacas y remedios vegetales de los que nos hallamos
necesitados en la Ciudad Condal, al objeto de aliviar unos dolores de
cabeza rebeldes, unas jaquecas malignas que vienen acosando a vuestra
egregia prima la Duquesa y también al Duque de Monte Carmelo
, vuestro amigo y mi benefactor. El mal se hizo patente después de un
concierto que tuvo lugar en El Gran Teatro del Liceu y al que mi amo, el
Duque, tuvo la malhadada idea de invitar a Doña María Manuela y
al que acudió también, junto conmigo, aquella santa monjita de la cual
ya tenéis noticia, nuestra querida Madretere. El programa parecía
tentador: se trataba de una desconocida actriz y cantante venida allende
de los mares, una tal Adonaia, poetisa y música experimentada
que estrenaba en nuestra ciudad algunas de sus composiciones de cantos
amorosos y que coronaba su actuación con la extraordinaria pieza “El
día en que me quieras” compuesta por un músico argentino pero
adaptada a una revolucionaria versión de la propia poetisa.
Hay que decir que todos nos esperábamos lo mejor de tan magno
acontecimiento. La Duquesa estaba radiante en toda su belleza
luciendo uno de sus atrevidos miriñaques malva
y hechizando a toda la audiencia del teatro cuando hizo su entrada en el
palco con el cabello cuajado de diamantes y portando la gargantilla del
Gran Mongol con la fabulosa esmeralda de Gengis Khan. La platea estaba
ocupada por distinguidos personajes de la Corte que también habían
hecho acto de presencia y a los que Doña Maria Manuela saludó
con un gesto coqueto de su abanico mientras se aposentaba. Oyóse un
grito desde el quinto piso “Manuelaaaaaaaa, que necesito que me pintes
los bajosssssssss”, al que la gentil Duquesa no contestó, pero que no
hizo la menor mella en su espíritu, tan combativo como de costumbre.
Se apagaron las lámparas. Hízose el silencio. El telón se abrió.
Sonaron unos tímidos aplausos.
Bajo una fuerte luz cenital aparecieron una voluminosas formas
envueltas en velos; era la poetisa. Se percibía que era una mujer
robusta de rostro masculino y labios prominentes que ocultaban
ocasionalmente una poderosa dentadura equina. Tengo que reconocer que
hubo algo en ella que se me hizo extrañamente familiar pero que hasta
el momento no he sabido discernir que es. Dirigiéndose al público la
cantante anunció:
- Primer poema “Vaporetti
che sussurrate in Murtiana Therma”.
Señora, no se puede describir ni por aproximación toda la serie
de horrendos sonidos que
salieron de aquella garganta. El público estaba estupefacto.
La cantante no parecía inmutarse y atacó la segunda pieza
diciendo:
- Es
esta una canción que me llega particularmente al corazón, puesto que
la compuse en un momento crucial de mi vida, se titula “Ebben!! Si,
Sono Attiva”.
Mientras comenzaba la música se empezaron a oír unos murmullos
mal disimulados en el patio de butacas. El público empezaba a
reaccionar. Seguidamente fueron siendo desgranados , en espantosos
graznidos , los siguientes temas: “Canzone del Pareo”;
“Mi chiamano la Recamier”, “Ohimè!!, Rubbasti la corona
della Vergine”, “Te la mangio, Me la mangi” , una pieza rarísima
, en castellano “Money, Money...que me poney”, otra de tema sacro
también : “Mia Madonna, sei azzurra!!!”, incluso un villancico:
“Natale, la capa e tu” y además
una de tema picaresco “ Cercar, che giova? Nella Metro non si
trova”.
En el interin la Duquesa había destrozado el abanico. La
Señorita Yorelia había sufrido un síncope, y la Señora de Put
i Ferí gritaba: “Que la maten!!, Que la estrangulen!!!”. Madretere,
sin embargo estaba de lo mas feliz “Me recuerda mucho a los cantos de
mi pueblo” , decía.
El Señor Duque estaba pálido y silencioso, lo que no
auguraba nada bueno, aunque en cierto momento oí que murmuraba “Esto
no quedará así, este teatro pagará el insulto...”
- Y
ahora , querido público, la joya de mi repertorio – dijo la poetisa-
“El día en que me quieras”.
Y entonces, Señora, entonces estalló todo.... A los primeros
sonidos el público se abalanzó sobre el escenario saltando el foso de
la orquesta mientras la poetisa huía entre bastidores. Las puertas
fueron abiertas y la Duquesa, abriéndose paso con los restos del
abanico malva montó en su calesa
seguida de nosotros
Parece
ser que el teatro ha sufrido daños irreparables que requerirán una
nueva reconstrucción. De la cantante nada se sabe. Pero mis señores
están con ese persistente dolor de cabeza que no les abandona y que
requiere de vuestros sabios consejos médicos para aliviarlos.
A la espera de una pronta respuesta, beso vuestras manos.
Fra
ARNALDUS
DE GRÀCIA
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