MISIVAS - 3
(
Cuentos y leyendas de las Cortes, etapa 3)


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3003 De Fra Arnaldus de Gràcia 
a Doña María Antonia de Fortino, Baronesa de Ibiza

Reverenciada Señora:

Es muy posible que esta misiva que tenéis en vuestras manos os cause estupor y extrañeza dado el tiempo que ha pasado sin que tengáis ninguna noticia de este vuestro más humilde servidor. No obstante y antes de entrar en materia ruego al cielo y en especial a nuestro Salvador que al recibo de ésta os halléis en vuestro habitual buen estado de salud y dedicada, como siempre, a vuestras obras de caridad en esa especie de inclusa de jovencitos desvalidos de la que tan desinteresadamente os hacéis cargo. En verdad que pocos saben como yo lo que significa librarse en cuerpo y alma a la filantrópica y cristiana labor de enderezar a la juventud perdida en el recto camino de la verdad y de la salvación y, es por ello, por lo que elevo una vez más mis preces por vos, a todos los santos, para que ellos os tiendan su milagrosa mano y os allanen ese duro camino de espinas que tan santamente habéis emprendido.

Habréis tenido conocimiento, sin ningún género de dudas, del apocalíptico final de la epopeya levantina que a punto estuvo de acabar con la vida de vuestra prima la Duquesa de Montespán  y de toda la corte y, asimismo, de la feliz vuelta a la normalidad del hermoso y feraz condado de los Vergeles, si bien hayamos tenido que lamentar la desaparición de la señora Condesa, Doña Maria de Las Mercedes que, parece ser, pereció durante los tumultos que acabaron con tan bello dominio. A pesar de todo, el susodicho condado, se está rehaciendo bajo el gobierno de un Directorio de Notables que han tomado las riendas de la República al no haber ningún heredero conocido de la finada condesa. 

Pero no es el informaros de ello, cosa que por supuesto ya sabéis, por lo que os escribo esta misiva, sino para pediros que me aconsejéis en un asunto de triacas y remedios vegetales de los que nos hallamos necesitados en la Ciudad Condal, al objeto de aliviar unos dolores de cabeza rebeldes, unas jaquecas malignas que vienen acosando a vuestra egregia prima la Duquesa y también al Duque de Monte Carmelo , vuestro amigo y mi benefactor. El mal se hizo patente después de un concierto que tuvo lugar en El Gran Teatro del Liceu y al que mi amo, el Duque, tuvo la malhadada idea de invitar a Doña María Manuela y al que acudió también, junto conmigo, aquella santa monjita de la cual ya tenéis noticia, nuestra querida Madretere. El programa parecía tentador: se trataba de una desconocida actriz y cantante venida allende de los mares, una tal Adonaia, poetisa y música experimentada que estrenaba en nuestra ciudad algunas de sus composiciones de cantos amorosos y que coronaba su actuación con la extraordinaria pieza “El día en que me quieras” compuesta por un músico argentino pero adaptada a una revolucionaria versión de la propia poetisa. 

Hay que decir que todos nos esperábamos lo mejor de tan magno acontecimiento. La Duquesa estaba radiante en toda su belleza luciendo uno de sus atrevidos miriñaques malva y hechizando a toda la audiencia del teatro cuando hizo su entrada en el palco con el cabello cuajado de diamantes y portando la gargantilla del Gran Mongol con la fabulosa esmeralda de Gengis Khan. La platea estaba ocupada por distinguidos personajes de la Corte que también habían hecho acto de presencia y a los que Doña Maria Manuela saludó con un gesto coqueto de su abanico mientras se aposentaba. Oyóse un grito desde el quinto piso “Manuelaaaaaaaa, que necesito que me pintes los bajosssssssss”, al que la gentil Duquesa no contestó, pero que no hizo la menor mella en su espíritu, tan combativo como de costumbre.

Se apagaron las lámparas. Hízose el silencio. El telón se abrió. Sonaron unos tímidos aplausos.

Bajo una fuerte luz cenital aparecieron una voluminosas formas envueltas en velos; era la poetisa. Se percibía que era una mujer robusta de rostro masculino y labios prominentes que ocultaban ocasionalmente una poderosa dentadura equina. Tengo que reconocer que hubo algo en ella que se me hizo extrañamente familiar pero que hasta el momento no he sabido discernir que es. Dirigiéndose al público la cantante anunció: 


- Primer poema  “Vaporetti che sussurrate in Murtiana Therma”.


Señora, no se puede describir ni por aproximación toda la serie de horrendos sonidos  que salieron de aquella garganta. El público estaba estupefacto. 

La cantante no parecía inmutarse y atacó la segunda pieza diciendo:

- Es esta una canción que me llega particularmente al corazón, puesto que la compuse en un momento crucial de mi vida, se titula “Ebben!! Si, Sono Attiva”.

Mientras comenzaba la música se empezaron a oír unos murmullos mal disimulados en el patio de butacas. El público empezaba a reaccionar. Seguidamente fueron siendo desgranados , en espantosos graznidos , los siguientes temas: “Canzone del Pareo”;  “Mi chiamano la Recamier”, “Ohimè!!, Rubbasti la corona della Vergine”, “Te la mangio, Me la mangi” , una pieza rarísima , en castellano “Money, Money...que me poney”, otra de tema sacro también : “Mia Madonna, sei azzurra!!!”, incluso un villancico: “Natale, la capa e tu” y  además una de tema picaresco “ Cercar, che giova? Nella Metro non si trova”.

En el interin la Duquesa había destrozado el abanico. La Señorita Yorelia había sufrido un síncope, y la Señora de Put i Ferí gritaba: “Que la maten!!, Que la estrangulen!!!”. Madretere, sin embargo estaba de lo mas feliz “Me recuerda mucho a los cantos de mi pueblo” , decía. 

El Señor Duque estaba pálido y silencioso, lo que no auguraba nada bueno, aunque en cierto momento oí que murmuraba “Esto no quedará así, este teatro pagará el insulto...”

- Y ahora , querido público, la joya de mi repertorio – dijo la poetisa- “El día en que me quieras”.


Y entonces, Señora, entonces estalló todo.... A los primeros sonidos el público se abalanzó sobre el escenario saltando el foso de la orquesta mientras la poetisa huía entre bastidores. Las puertas fueron abiertas y la Duquesa, abriéndose paso con los restos del abanico malva montó en su calesa seguida de nosotros 

Parece ser que el teatro ha sufrido daños irreparables que requerirán una nueva reconstrucción. De la cantante nada se sabe. Pero mis señores están con ese persistente dolor de cabeza que no les abandona y que requiere de vuestros sabios consejos médicos para aliviarlos.

A la espera de una pronta respuesta, beso vuestras manos.

Fra
  ARNALDUS DE GRÀCIA

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