Tenía
mil noticias que contarte, pero chica, se ve que tendré que hacerlo vía
misiva.
Empezaré por el principio: No te tengo que contar como terminó
la famosa acampada cerca del Mediterráneo, yo no vuelvo a hacer una
hoguera como aquella... la que se lió, hija, la que se lió.
Después de aquello -según me cuentan mis salvadores, pues yo no
estaba en condiciones de enterarme de nada, absolutamente inconsciente-
las carretas que portaban nuestros cuerpos, se separaron en un punto del
camino, y sin saber cómo, yo terminé apareciendo milagrosamente en
Mandergay, pero eso si, inconsciente. Lo último que recuerdo es la
hoguera que hicimos en el campamento, con lo cual, supongo que era
verano. Todo este tiempo dormida lo he pasado soñando, pues ya sabes
que yo cuando me aburro, me doy a la fantasía, y mi mente, acostumbrada
a ello, hizo lo propio. El caso es que todo el sueño se desenvolvió en
una especie de viaje en el tiempo, pasándolo todo en la era romana. Lo
único que me revolvía en mis sábanas entre sudores fue mi persona en
el sueño, que resultó ser... como decirlo educadamente Manuela, un putón.
No se a que se deberá eso, pero mas adelante en la carta te contaré
que me vinieron de perlas las habilidades del personaje. Cuando desperté,
lo primero que hice al entornar los ojos –ya que la luz me hacia daño,
después de tanto tiempo cerrados- fue mirar los cortinajes, dándome
cuenta que eran los de invierno, y claro, me incorporé de un respingo
por la extrañeza, ya que mi mente se había quedado en el verano.
Preguntados todos los que me rodeaban al despertar (Marianela
entre ellos, gracias a Dios) me contaron lo que había pasado, la
gravedad de mi enfermedad y todo lo sucesivo...... y lo sucesivo fue,
ay! Manuela, grápate el miriñaque al corpiño no sea que se dé
contra el suelo y te ralle la madera, lo sucesivo fue mirarme la mano, y
¿qué vi? UN ANILLO DE CASADA!!!!!
Si Manoli, si, lo que lees. Resulta, que mis allegados, o
sea, mi perro y Marianela, asustados por mi enfermedad, y
pensando que Mandergay se quedaba sin dueña, buscaron alguna forma de
dejar un heredero. Y no se les ocurrió otra cosa que casarme por
poderes. Cuando me lo contaron... Aaaay!, cuando me lo contaron; Marianela
se llevó tal bofetada (con el anillo puesto) que ahora me sale
baratísima, pues solo come papillas, y la marca en la cara que le dejó
el anillo le da un aire hombruno que me asegura que nunca se va a casar,
con lo cual, siempre la tendré a mi servicio. En cuanto pude
incorporarme y dar mis primeras órdenes, el corazón me dio un vuelco.
¿qué habría pasado con el motivo que me hace conservar el título?
Inmediatamente hice venir al galeno de mi confianza, para asegurarme de
seguir siendo poseedora del Marquesado, y si, tranquila, sigo siendo la
única dueña.
En cuanto esto fue comprobado, no me quedaba otro remedio
que conocer al elegido por esas dos bestias para asegurar la
inmortalidad de Mandergay, así que me dispuse a recibirle ataviada con
el miriñaque mas austero que tengo, a fin de amedrentarle y que no me
molestara en lo sucesivo. Pero Manuela, cuando vi semejante
chulazo (perdona la expresión, es un modernismo, pero a veces he oído
a mi portero decir eso cuando viene el chico de los ultramarinos) lo que
te digo, cuando vi semejante hombre aparecer en mi presencia, todas las
costuras del miriñaque se fueron a tomar viento y las cuerdas del corsé
se clavaron en la pared que tenía yo detrás. Estoy casada, Manolita,
y bien casada, menos mal.
Ahora el único problema es mantener intacto el motivo de
mi Marquesado, pero hasta el día de hoy lo he conseguido gracias a las
habilidades que te digo que tenía mi persona en el sueño y que vi en
una representación operística que dimos en el teatrillo que tengo en
palacio para celebrar mi vuelta a la salud. La obra se llamaba M.
Butterfly, y el protagonista, un actor muy apuesto, un tal Jeremy Irons,
un inglés que empieza. El caso es que me quedé estupefacta con las
habilidades de la china, pero me vinieron de perlas. Tengo que
investigar esto, pues es extraño que en el sueño ya se me dieran las
claves de tal acto y que al despertar, casualmente, en una representación
en mi honor, la protagonista alardee de las mismas habilidades...
Y que más te voy a contar, Manuela, que el marido
que me buscó la loca de Marianela es músico (se ve que ningún
varón titulado estaba dispuesto a casarse con una muerta). Y por lo
visto, este señor debía seguir soltero porque se pasa el día en casa
tocando instrumentos, y claro, le pone la cabeza a una como un bombo
(que por cierto, es uno de los chismes que se pasa el día aporreando).
Menos mal que palacio es grande, y le tenemos recluido en las alas Norte
y Oeste, por ser las mas frías en invierno y calurosas en verano,
respectivamente. Aun así, se le oye, y los viajes del chico de la
tienda de ultramarinos con cargamentos de remedios para el dolor de
cabeza, cada vez son mas frecuentes, con lo cual, tengo al portero
absolutamente enloquecido y dejando sus tareas un poco de lado.
Pero ya estoy yo aquí para poner orden de nuevo, Manuela.
Gracias a Dios, todos estamos bien, y la corte arranca de nuevo.
Nos
vemos en el teatro
Un beso con semifusa
D. Yorelia de Manzanares y Winter (sigo
usando el nombre de soltera, vamos, qué se cree este!!)
Marquesa del Férreo Camino
Mandergay
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