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Pues
eso, que he vuelto del viaje este. Al despertarme estaban todos los
miembros de mi gabinete de gobierno rodeando la cama . Mientras me
incorporaba, un poco aturdido, me explicaron que un consejo de Regencia
había tomado el poder en mi ausencia. Y que la primera decisión de ese
consejo había sido asumir todo el poder y disolver el Parlamento
elegido por mi pueblo.
Al pasear por mi palacio lo encontré gravemente dañado y en un
lamentable estado de abandono. Los restos de la cúpula que había
planeado para el Barrio de la Ciudadela ni siquiera habían sido
retirados. De hecho todo el Barrio de la Ciudadela, incluida la mansión
que habilite para vos, estaban casi en ruinas.
Pasaron unos días hasta que la noticia de mi recuperación se
difundió. Por supuesto, el pueblo fiel no dijo nada al Consejo de
Regencia de los rumores, pero si ayudaron, con sus historias, a aumentar
el temor hacia la zona del Barrio de la Ciudadela. Y es que resulta, señor
Mercuchov, que no se acercaban a la derruida cúpula porque temían
que estuviera encantada la zona. Si serán cobardes.
Total, que al frente de mis Húsares de la Guardia de la Princesa
rodeé el edificio de nueva factura que el Consejo de Regencia se había
hecho en medio de la plaza de María Mercedes. Sólo deciros que
era un edificio estilo Remordimiento, al que pomposamente habían
llamado “El Palacete”. Subí a la planta noble del edificio donde se
encontraba reunido el consejo de Regencia, que eran dos, tomando el
chocolate.
Dos señoras habían regido mi Principado. En fin, les di las
gracias y les dije que, puesto que el Príncipe había vuelto, que
cesaran en sus funciones. Una de ellas se puso a hablar en tonito
conminatorio y, es que, de verdad, no paraba de hablar, apuntándome con
el dedo. Les dije a mis Húsares que la pusieran en custodia. La otra se
deslizó furtivamente por las sombras, mientras la apresada la llamaba
“Put i Feri, ven aquí y da la cara”.
No veáis, mi señor, que de dispendios y en que bancarrota ha
dejado este consejo a mi Principado. Por supuesto, decomisé todo lo que
habían puesto a su nombre, que era mucho. Devolví lo requisado, que
también se habían dedicado a expoliar a mi pueblo. La investigación
que siguió meses después reveló que el Consejo de Regencia de estas
dos –la tal Put i Feri y la del Yermo y de la Vega, la
que no paraba de hablar- habían empezado por el Libro I del Código
Penal y no habían parado hasta el último artículo.
Me encontré con que aquel fraile pedorro y acosador, ese que se
ocultaba tras los matorrales de retama a ver si se llevaba algo a la
boca y no precisamente de comer, también pululaba por allí. Lo tuve
que volver a poner de patitas en la frontera de mi principado. Se esta
convirtiendo esta en una fastidiosa costumbre.
El juicio fue rápido. El jurado popular la condenó a la pena de
muerte. Le leí la sentencia en el palacio de Summa Felicitas. El caso
es que la decapitaron. Pero es que fue al patíbulo por su propio pie,
hablando por los codos, puso la cabeza en el madero, hablando por los
codos, y el verdugo la decapitó, pero ella siguió hablando por los
codos. Cogió su cabeza, se la puso debajo del sobaco y se fue andando,
camino de su Marquesado, con su cabeza diciendo que es que desde luego
como se atrevían hacerle eso a ella, que ya verían su hermano obispo
(Un inciso: el hermano obispo, pedófilo como pocos, se ha convertido en
una figura de terror en los cuentos de mi principado. También hizo de
las suyas, como os podéis imaginar).
La cosa no termina aquí. Justo en la plaza de Maria Mercedes,
justo delante de El Palacete –que estoy pensando en dejar como
testimonio del malísimo gusto de las dictadoras- se cruzaron la
Marquesa descabezada y un carruaje con la insignia de la Marquesa de el Salar.
Al ver a la Marquesa del Yermo y de la Vega, el carruaje se paró.
Del carruaje bajo una dama tocada con un capuchón y toda vestida de un
azul pálido. Aunque la veía de espaldas, los ademanes me resultaban
familiares. Parece que a la del Yermo también porque salió
despavorida. Como si hubiera visto a alguien regresado de la tumba.
Efectivamente. Se volvió hacia mi. Era mi madre. Al ver mi cara de
pasmo me explico:
- A mi no me mires. Con todo esto follón cósmico chipiritiflaútico
que han armado como quieres que no haya vuelto del mas allá ... Por
cierto, que mala cara tiene Fulgencia, y la veo como una cabeza
mas baja, ¿no? .
Boquiabierto me he quedado, mi querido Mercuchov
Un saludo
Odysseus de Éden
Ps: He conseguido construir la cúpula del Barrio de la Ciudadela
en un tiempo record. AL fin terminada hace de este barrio un recinto
que, en un momento determinado, queda hermético. Confío en que vengáis
a verlo.
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