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Lo
primero que he de hacer es felicitarte por ese súbito casamiento del
que has sido objeto. Como mínimo, querida, no estarás sola en lo
sucesivo, pues ya tengo dicho de antiguo que una no debe permanecer
demasiado tiempo en la sola compañía de sus criados y sus animales,
pues se generan manías extrañas y se termina por desbarrar y hacer
tonterías. Ved si no el triste preludio que precedió la muerte de María
de las Mercedes: recordarás todas las que hizo. Y entended de una vez
que no íbamos de excursión al campo, querida, sino de expedición
salvadora, para intentar evitar infructuosamente el fin que, pese a
todos nuestros esfuerzos, sufrió la señora en cuestión. Pues bien,
volviendo a mi ejemplo: atribuid ese período de demencia de la Michirona.
exclusivamente a lo que supone una soltería mal llevada y peor
admitida. Por tanto, en vuestro caso, Marianela creo que esta vez
obró bien, con ligereza, pero bien, pues así evitarás sin duda el mal
que aqueja a todas las damas desacompañadas. Además, sé práctica: ya
tienes quien te pasee el perro y a ti de paso, que el aire fresco
siempre te ha sentado bien, pese a tus quejas.
Lo
segundo no es tan agradable de relatar, estimada Yorelia. Qué
disgusto llevamos en la Corte, qué disgusto. Resulta que hemos estado
todos engañados por aquel que creíamos que era el noble francés Monsieur
De Mercôuche. Pues si, hete aquí que ni Monsieur ni Mercôuche
ni francés. He tenido acceso a una carta recibida por el Duquesito
del Carmelo en que este señor se destapa
y aduce ser… bueno, la verdad es que no lo entendí muy bien,
pero parece que se declara algo así como procedente en realidad de
Rusia o de la Estepa –lo cual explicaría su insólita afición a los
polvorones que en las veladas de palacio se comía a dos carrillos, pues
la templanza en la mesa no era una de las características de dicho
sujeto- . O sea, querida, que se nos coló en la corte un bárbaro
estepario, un Gengis Khan, un Taras Bulba, o quizá dado ese interés en
la ocultación de sus verdaderos orígenes, un Atila de esos que donde
pisan no vuelve a crecer la hierba. Aduce él no se qué ascendencias
imperiales y que su natural discreción le motivó a esconder su
verdadero ser. Pues no sé donde se le habrá perdido la discreción,
porque tiempo le ha faltado para descubrirse como un cosaco cualquiera
que ha leído a Voltaire en la biblioteca pública. Mira, Yorelia:
a mi estas cosas me dan igual, pues yo sé dónde estoy y dónde he de
estar, soy Montespan y última de los Montcada y nunca me ha
hecho falta allá donde fuera disimular mi condición, salvo la vez que
fui a la corte de la Archiduquesa disfrazada de lagarterana, por
obvias razones de seguridad. Vengo a decir que lo que una es, lo será
siempre, por mucho turbante alla
turca que se use. Aunque lo que me tiene intrigada es, entonces, quién
es la dama larguirucha que le acompaña, porque si el uno no es lo que
era, la otra tampoco. Yorelia, esto es un completo dislate. El
tiempo dirá qué se proponen y cuáles son sus fines.
Si a ello sumáis cierto malestar que me aqueja, surgido de la
repentina aparición de unos anónimos amenazantes que les ha dado por
clavar en la puerta de palacio – si, si: anónimos y amenazantes,
tanto los escritos como sus escribidores- , comprenderás que últimamente
la Ciudad Condal dista de ser un conjunto de alegría y alharaca
sincera, pues se adivina la ponzoña que lenta e inexorablemente invade
los salones de esta otrora dichosa Corte. Bueno., dichosa... nunca lo ha
sido, pero digamos que hoy día esta peor, ya me entiendes.
Pero siempre ha lugar para la alegría: Mira por donde que Don
Joam me ha hecho objeto de una invitación a un crucero por el Mediterráneo.
La parte negativa del asunto es que el crucero en cuestión está a
cargo de tu ahijado, el almirante ese que se dedica a maltratar
pasajeros. Si querida: eso que digo me viene de información directa de
mis queridos sobrinos, los Marqueses de Lagartera. Hablando llanamente
te diré que han puesto de vuelta y media el servicio y la calidad de
los cruceros que Dom Joseph regenta. Con lo cual estoy dubitativa
respecto a si aceptar la invitación
o no. Y es que una se hace mayor y no le dan las rentas para
comprar abanicos, en el sentido de romperlos en la testa de quien merece
reprobación, por lo que no tengo muchas ganas de que me provoquen.
Pero, en fin, considerando que Dom Joam solo quiere mi bien…
-aunque aun tengo presente ese
recital querida, al que nos invitó, cuando salimos a abanicazo limpio
de la soiree de la cantatriz aquella inmunda que me provocó una jaqueca
que duró una semana- en él confío. Y es de suponer además que Dom
Joseph nos trataría adecuadamente a nuestro rango y condición. Lo
pensaré en todo caso.
Por cierto, dado que tu cónyuge es músico, según dices, me he
permitido la licencia de incluir en este envío la particella de la última coplilla que suena en la Condal Corte, pues
estoy segura que te gustará saber cuál es el tema de moda en los
salones barceloneses, que tu eres muy de la verbena y el majerío.
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