Cuanto
tiempo sin tener noticias mías, cierto, pero todo tiene una explicación.
Después de nuestra rara enfermedad, me llevaron a una Certosa italiana
en el Reino de Nápoles, una cartuja como dicen aquí, ya sabéis, todo
esto al objeto de protegerme de las intrigas y maquinaciones de los que
atentaban contra toda nuestra corte. Mi noble marido, siempre dispuesto
a tenerme sujeta y atada, me confinó en ese lugar para que mejorara de
mis dolencias. Prima: Qué cólico miserere, que mala me puse:
además, no había en todo el lugar ni una mísera bacinilla para poder
hacer uso de ella cómodamente en mis aposentos, con lo que no veáis
las que tuve que pasar cada vez que me daban retortijones y había de
correr a las letrinas de aquellos espartanos monjes. Algunos de mis
siervos me dijeron que detrás de todo esto estaba la mano del Maligno.
¡¡¡ Tres señales de cruces y cuatro Avemarías antes de seguir!!!.
Que todos los santos del calendario Gregoriano nos protejan de volver a
sufrir tan ignominiosa enfermedad, que no esta una para tener que
cambiar todo el vestuario.
Por
cierto, algo tengo que comentaros, ¿Qué es eso de usar ahora el color malva?.
Ya sabéis que a vuestra delicada tez no le sienta bien ese color, y
además, seguro que acentúa mucho mas los cortes y las cicatrices que
el inclemente Cronos va infiriendo en vuestra noble apariencia.
Pero al grano, muchas noticias tengo que daros de este ilustre
reino, pero antes que nada, he de comunicaos que mi dilecto hermano ha
conseguido ya el Capelo Cardenalicio: Grandes fastos y fiestas tendrán
lugar dentro de poco en la Santísima Catedral. Mucho es mi regocijo, y
han sido sus grandes obras y sus grandes premios quienes han conseguido
este justo premio. Eso, y un millón de ducados que hubo que desembolsar
para fines diversos: qué cara es la ropa de los cardenales, qué cara.
Fijaos que hasta 11 metros de cola púrpura tendrá que llevar y eso
tiene su precio, tanta púrpura y tanta
cola.
Os diré que este Reino ha sufrido grandes cambios. Merceditas
nos dejo, que le vamos a hacer, pero según me han contado tres buitres
negros rondan por su panteón. No sé qué historias de fantasmas e íncubos
circulan sobre la antigua ciudad de Heliopolis; y no se nombra esa
malhaya ciudad en la Corte, pues nadie se acerca por allí, salvo el
Corregidor y el Arcediano de Lorca que están ocupándose de esos
asuntos.
También quiero felicitaros por vuestra saludable vuelta
con nosotros. Me han comentado que usaréis los servicios del protegido
de nuestra querida Yorelia de
Winter, Don Joseph de
Cruixers,
para hacer un viaje con el gallardo Dom
Joan, tened cuidado, que tan galante caballero os puede hacer perder
el norte y el sur, y eso no es bueno para vuestra delicada posición.
Acordaos de llevar bragas (esa prenda tan sutil) limpias, y abanicos
para taparos los morados, que he oído comentar que es fiero caballero,
y que deja mas señales que los Santos después de muertos.
Para terminar, tengo que deciros que esperaré vuestras
noticias, y sobre todo que aviséis a los cortesanos que estoy
dispuesta, una vez que pase la Cuaresma a visitaros. Este tiempo de
recogimiento y sosiego es necesario para mi cuerpo y mi alma, que lo
tengo todo manga por hombro, y
las disputas con mis beatas está terminando con mi salud y mi
paciencia. Por cierto, he de deciros que una de ellas os quiere como
madrina, ha tomado el nombre curioso de Doña María de Miracielos y
Abrebragetas, no sé por qué.
Espero vuestras nuevas, y decidle a Dom Joan que también espero sus cartas. Cuidaos mucho, yo rogaré a
Santa Gemma y a San Antonio del Paquete Fino, sin olvidar a Nuestra Señora
de la Caridad de las Descarriadas, y al Santo Cristo del Divino Paquete,
para que os protejan y os den fuerzas para seguir entre nosotros.
Murtia Anno Domini
Amablemente, Fulgencia
Post Data: Me han comentado que tenéis una sobrina muy mona y un
poco alocada en la Corte: espero conocerla dentro de poco. Por Dios,
enviadle mis saludos y reverencias a Doña
Trullina, que por aquí todavía la recuerdan, sobre todo por las
ladillas que dejó. Un beso en ambas mejillas, querida prima.
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