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Referente
a Don Joseph, por nuestra parte el tema estaba olvidado, pero
después de las últimas noticias recibidas, como le he narrado a Doña
Yorelia, dudo que Don Joan y Vos podáis emprender un crucero
con Mar Salada, pues la empresa ha cerrado tras ser embargada. No
quisiera empañar la ya tan deteriorada imagen de Don Joseph, y
mejor prefiero no contar de lo que he sido informada, pero puedo
asegurarle que la periódico-novela “Doña Beatriz la poco
agraciada” que cada mañana nos sube el servicio a nuestros aposentos
es una nimiedad comparado con los andares de Don Joseph.
De la anterior carta, deduzco que los comentarios ociosos de mi
marido fueron tomados en serio. Jamás hubiera usado el abanico para
encarrilar al servicio, pues el bordado de oro que decora mi verde
abanico se estropearía. Bien me aconsejas al decir que use el bastón,
pero para ese menester ya dispongo de una fusta tomada de las
caballerizas, cuyos restallidos se convierten en habitual con demasiada
frecuencia, a mi pesar. Pero ya sabes lo difícil que es encontrar un
buen servicio.
Es cierto que me falta mucho por aprender dada mi temprana edad,
pero como bien dices, los vericuetos de la corte ya han ido introduciéndose
en mi vida, y espero que con un tiempo pueda ser tan Dama y
de espíritu tan abierto como vos, mi Duquesa.
Quedando a su entera disposición, su afectuosísima,
Albertina
de Enq
Duquesa de Lagartera
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