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¡Ay! si. Aún me destegnillo al grecogdaglo. Meses después de
despegtag, todavía hacían cábalas de lo que les había pasado.
Togpes pgesuntuosos que le echaban la culpa a sus faltas a misa, cuando
son sus faltas con el pueblo las que les castigan. -
Deja que se distraigan con sus religiones, así nos prepararemof
mejof para lof golpes que aún nof queda por darles, queridof Robespierrof. -
Los únicos que están un poco moscas, y empiezan a intuig de donde
vienen los tigos son los del segvicio secgreto del Zag. Los he
visto en ocasiones megodeag por mi casa, y supongo que también por la
tuya, quegido Gasputinin, los del QJV son pocos pego bien
pagados. -
Puede ser que estén ya en la pista buena, pero esof no ha impedidof
que obliguemof al Zar a descubrirse. Qué ingeuof pretender
hacerse pasar por francés. -
Ciegto, ciegto. El EGRE QUE EGRE está demostgrando seg más
eficaz que el QJV, a pesag que cobgran cuatgro cuagtos, y es que
la mejog paga pagra un buen ciudadano, es la confianza en la victogia
del pueblo. -
Esa eficacia es la que nof ha permitido dejar anónimof en las
mismas puertas de los palaciofs Ducales. Los anónimof son más
contundentes de lof que parece a primera vista, pues además de
calificar a los cortesanof de lo que son, también deja la impresionf de
accesibilidad. La corte ya sabe que llegamof a ellofs cuando queremof. -
Que se lo digan si no al Duque del Cagmelo. -
Ciertof, ciertof. Fue una pena, pues el carruaje era bonitof y
recién compradof, y quedóf que solo sirviof para astillas. -
¡Estamos tgriunfando! La Grevolución se acegca. -
¡Viva el ERRE QUE ERRE! -
¡Huy!, ¿te has fijado?. Laggémonos.
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