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Veréis,
os cuento. Andaba yo de
recogida de caridad, con mi
estandarte y mi saco por los jardines de Barcino, cuando vi dos señores,
que por la pinta me parecieron principales, con lo cual pensé acercarme
a ellos con intención de echarles unas bendiciones estandarteadas que
seguro que les harían falta por lo raro de su aspecto que, de seguro,
les venía de una vida pecadora, vamos, que de preces y rogativas
precisarían. Digo esto porque iban raros vestidos, quiero decir, que
sus ropas no eran de aquí, eran, como de fuera, ya me entendéis. Y si
bien pensé que pudieran ser herejes protestantes de esos que tanto daño
han hecho a la Cristiandad Verdadera, que están por todas partes, Mossen,
también pensé que por esa misma razón limosna me deberían dar
para al menos hacer menor el castigo que sin duda merece su pecadora y
condenada alma.
Pues total, que me encaminé hacia ellos, situados de espaldas a
mi, con paso humilde, como corresponde a una sierva de Dios como El
manda, despacito y con la mirada hacia el suelo, cuando de pronto, me
dio uno de esos raptos de parálisis que me provoca el Espíritu. Y caí
de bruces al suelo, entre dos arbustos que había junto a los hombres
mencionados, con lo que no pude evitar el oír todo lo que hablaban, lavirgenmeperdone.
Bueno oír, lo oí, pero entender no entendí nada al principio
porque se expresaban como en extranjero, o eso creí hasta que me percaté
de que hablaban romance, pero retorciendo tanto la boca y la lengua que
otra parla diríase que era. No pasó mucho rato hasta que comprendí
que “egge” era erre y el , otro, seguro que por tener labio
leporino, signo demoníaco, terminaba todas las palabras en “of”. Y
con esa clave pude entender qué decían los dos personajes, porque de
personajes se trataba, que no personas: menudos eran.
No puedo repetirlo todo, porque una pobre monja es limitada, pero
la cosa parecía que se referían a todos los males que han asaltado la
Corte desde tiempo ha, y que ellos tenían que ver con todo. Confesaré
que en ese momento me entró miedo, y sintiendo desfallecer mi espíritu
–el mío: el Espíritu otro no desfallece nunca- miré a todas partes
por si veía a la bruja romana esa que siempre aparece cuando hay líos,
que yo no sé que manía me tiene pero siempre
me la encuentro, eldemoniolaconfundayselallevedelospelos,
aunque esta vez no estaba allí. Pero es seguro, Pater, que la
bruja y estos individuos tienen que ver. Porque hablaban de compuestos,
de brebajes y de bebedizos. Y dijeron no se qué de “guevolución”,
que no se que es, pero que me da mala espina. Yo os lo cuento todo esto
para que hagais lo que consideréis conveniente.
No pude oír más, porque la parálisis esa me había dejado en
muy mala postura, con mi cara a ras de suelo, y una cucaracha que
pululaba por ahí le dio por intentar subírseme a la faz y no pude el
evitar dirigirle un mordisco, para que no interfiriera en mi santa
labor. El ruido que provocó mi acción alertó a los endemoniados esos,
que salieron por piernas, y no supe de ellos más.
Y así tal como pasó os lo cuento. Ya me daréis vuestras nuevas
sobre qué hacer y si es asunto que merece preocupación.
Que El os guarde
R. M. Madretere
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