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La misión tuvo que seg difícil, pues apagte que había llovido
como pocas veces en esa tiegra, la pólvoga no siempgre funciona después
de los tganspogtes, y aquella viajó mucho. - Dificultades
hubof, perof nof pofr la pólvora, que estuvof siempre bien cuidada,
sinof porf lofs porteadores. Habíamofs seleccionadof losf mejores
hombres, lofs más aguerridofs y musculososfs de la Estepa. Todof fue
bien hasta llegar a las proximidades de Murtia. A unas 30 leguas nuestra
caravana se cruzof con otra, muy escandalosa, de tropecientofs elefantes
y miles de negrofs. Una sola dama y toda su reata de súbditofs,
esclavofs y entretenedores variofs, tanta música y derroche para una
simple enana, porf muy Archinosequé que se hiciera llamar. -
Pog las señas ya sé de quien
tgrata, y si como dices, los pogteadoges eran musculos y vigriles,
no dudo que la Agchi en cuestión cgrease todo tipo de situaciones
paga ... acapagagrlos si quiega unos instantes. Vaya el tiempo
suficiente de satisfacer sus instintos pgrimagios. -
Razónf tienes Robespierrof,
que los únicofs paquetes que importarónf a la Archital fuerofn
lofs de lofs propiofs varones, nof lofs que acarreaban. El casof es que
solof se vieronf acosadofs lofs de tez más oscura. Suerte que la palidez
de la mayoría hizof que los estragofs fuesen soportables, y que la
misiónf pudiese continuar. -
Cugiosa fijación la de esa
dama. Debe obedeceg a la estancia tan pgrolongada en tiegras celtas, tan
lluviosas y apenas soleadas, que hace a sus ciudadanos los más pálidos
al sug de La Fgrance. La abstinencia la hace enloqueceg, y al aproximarse
al sur, al oleg la mogenez de los hombgres, al veglos de cegca, en fin
que ya me estgraña que no tuviese peoges consecuencias el encuentgro. -
Pero ahí nof acabarofn lofs
acosofs, pues pocof antes de entrar en Murtia nuestrofs porteadores
fuerofn casi raptadofs por un extrañof misionerof de desconocida
orden. Aquí lofs dañofs fuerofn más seriofs, pues aunque se trataba,
comof en la anterior ocasiófn, de una sola persona, poseía una boca
tan inmensa comof sus posaderas, y éstas tan hambrientas comof su boca.
Esta conjunciófn, en persona tan lujuriosa y glotona, hizof estragofs en nuestro
equipof. -
A ese cuga no lo conozco, pero
los hechos me son conocidos, se publicagon en vagias gacetillas. -
Eso fue lof peofr, la publicidad
que se diof al asuntof. Entre que detienen y liberan al cura, entre
que lof encarcelan y lof indultan, al final, todof el mundof fue
conocedofr de la causa, y prontof la multitud de damas visitantes,
tirandof de la hebra, supof donde localizar a nuestros hombres. La
posada donde discretamente se alojaban era asaltada cada noche pofr
miriñaques y corpiñofs deseosofs de varófn. -
¡Qué hogror!, pobgres
hombgres, no hay nada mas peliggroso que una de esas damas a la caza, y
allí hubo cientos. -
Fuerofn sonadas las visitas de
varias de esas damas. Una de ellas, la de malva
la llamaban por ser ese el únicof colofr de todof su atuendof, quisof
usar la pólvora comof rape --Qué modernez (decía) rape de mi colorf
favoritof-- a saber por qué viof malva
lof que siempre fue negrof, y suerte que nof le diof pofr fumársela. Una
tal Yorelia, que decía ser virgen, se empeñóf en que nuestrofs hombres
eran lampiñofs, y que of se cubrían con una piel de osof of nof
pagaba. -
Siempre lo dije, están todas
podgridas. -
Tampoco faltarofn los 'nobles'
al olofr de la entrepierna varonil, pues se viof desfilar por la posada
al Duquesitof, a veces acompañadof de sus protegidofs, a veces
solof. Inclusof en mismof Princhiponf hizof alguna visita turística
a la pensiónf, --sus bañofs son famosofs en toda Murtia-- decía. -
Segugo que hay más que contag,
pego no quiego desviagme de la cuestión, ¿cómo loggrasteis la voladuga
de la cúpula? -
La cosa era complicada pues de
día nof debía moverse la pólvora, y de noche había que atender a las
'visitas', así que hubof que esperar a que lloviera muchof, muchof.
Pofr fortuna lof hizof casi cofn exageraciófn, y una de esas terribles
noches de truenofs agua y rayofs quedóf toda la pólvora situada
estratégicamente. El restof ya lof conocéis. -
Qué gusto da hablag contigo,
qué bien cuentas las cosas, amigo Gasputinin. -
Pues ahora te toca contar a ti.
Lof de llevar el inventof del ciudadanof Guillotín a Murtia fue
todof un golpe de efectof para la causa, amigof Robespierrof. - Si
que lo fue, y además sacamos unos greales, que también vienen bien.
Vegás, yo había visto el invento entre Vegsalles y la Bastilla, pero
gesultaba apagatoso de tgranspogtag, así que decidimos encaggag su
constgrucción a unos ebanistas locales que, aunque se empeñaban en
poner todo grepujado en cuego de vaca, hiciegon una obgra digna, pego sin
cuchilla. Paga conseguig una de las dimensiones adecuadas hubimos de
buscag en el pueblecito de Albacet'e al mejog fogjadog, que cuando supo
paga lo que ega, lo hizo ggratis y con ggran esmego. Un ggran
gevolucionagio ese ciudadano. El tgranspogte de la cuchilla fue fácil
compagado con el de la 'cosa' completa, y aunque lejos de Mugtia,
Albacet'e no está en La Fgrance. -
Una vez que han aprendidof a montarlas segurof que hacen muchas, y
las necesitarán para tantof cortesanof como pulula por estas tierras. -
Cuando tuvimos todas las piezas cegca de Mugtia, y a punto de montagla,
fue cuando las aguas de degramagon, no solo pog lo mucho que llovió
sino que también por la grotuga del pantano que el pgrinchipón
tenía a medio haceg en las cegcanías. Poco después voló la cúpula y
se contagió mistegiosamente (ji ji ji) la cogte, huyendo en pleno como
alma que lleva el diablo. Bueno no en pleno, que quedagon los natugales
de la tiegra y la Magquesa del Put i Fegí. La Magquesa,
que está muy aconstumbgrada a todo tipo de dgrogas, apenas se sintió
levemente indispuesta y grápido empezó a ejegceg de máxima autogidad
en la zona, apgrovechando la ocasión paga acapagar todo lo que pudo.
Pgronto se le unió la nativa Magquesa del Yegmo y juntas se divigtiegon
a costa del pueblo. -
Se comentóf que expropiaronf ... ¡a lofs pobres!, además de ricas,
tontas. -
Poco después despegtó el Pgrinchipón y entegado de lo que
pasaba se digrigió a deponeg a las tiganas, cuando nos cgruzamos con
él y su guagdia. Yo no sabía que haceg cuando pgreguntó que ega eso
tan mono que llevábamos, 'una obgra de agte de un loco fgrancés' -le
dije- . -
Nof mentiste. -
El caso es que se empeñó en compgrarla, y subió y subió la
ofegta hasta el punto que hubiese gresultado muy sospechoso no aceptagla,
y muy peliggroso a juzgag pog la compañía que llevaba. De mala gana
acepté los muchos greales que me ofgrecía y me despedí con pena de la
obgra de agte. Después supe que la había usado cogrectamente, y los
dichos greales han posibilitado constgruir vagias y difegentes obgras
muy agtísticas, ji ji ji. -
¡Un noble comprandof una guillotina!. ¿ningun noble se libra de
ser tontof?.
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