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La
cuestión es que me han pasado muchas cosas en estos meses que he estado
ausente en la CORTE. Una de los asuntos más llamativos y que seguro
habréis notado, a través de las apariciones de mi fiel Don Takei, es
que me he casado.... ¡Sí hijas! No es tan difícil de imaginar. Una
está como una regadera (mi dinero me ha costado admitirlo en
interminables sesiones de psicoterapia), pero también tiene derecho a
casarse.
Mi
historia de amor es sin igual. Un noble marinero que surcaba las
levantinas aguas de la Península en su velero me ha enamorado y he caído
rendida en sus brazos. Una noche de alocada pasión hizo el resto. Soy
suya y él es mío. ¡Y estoy tan feliz, chicas! ¿Durará? No lo sé,
ni me importa, porque me embarga un sentimiento de amor infinito por él.
Muchas de vosotras ya lo conocéis. Lo habréis visto por la Corte de
vez en cuando con el sobrenombre de Marinegay. De hecho, ya se ha ganado
el afecto de algunas con su gracia y su donaire. Más adelante os pondré
al corriente de nuevos datos de su persona, pues es de natural muy
reservado.
***
Mi
fiel Takei me ha comentado que largas y numerosas han sido las misivas
que os habéis mandado. Me encantaría poder dirigirme a todas vosotras
de una en una. A mi querida Manuela, a mi estimada Yorelia, al gentil
Duquesito, a mi apreciado Mercouche, a mi adorada Fulgencia, al
ingenioso Odysseus, así como a muchas y muchos más que ahora mismo mi
cabeza no recuerda, pero seguro están en mi corazón. Sin embargo, mis
quehaceres ante el nuevo Señorío de Patraix, el cual ha poco adquirí,
me impiden poder dedicar mi tiempo a cada una de estas amigas... ¿Qué
digo amigas? ¡Hermanas! Sabed que siempre os tengo presentes en mis
pensamientos, a pesar de mis largas ausencias en la Corte.
Durante
todo este tiempo, me he dedicado, a parte de enamorarme y casarme, a
viajar por todo el Mundo y conocer otras culturas. He aprendido mucho y
me siento mucho más viva que antes. ¿Os acordáis de mis vahídos?
Pues, chicas, ahora ni uno. Estoy hecha un roble. Asentada, serenada,
casada, complacida y henchida de gozo, no descarto estar una buena
temporada en la CORTE, así como poder llegar en cualquier momento a
desaparecer de nuevo sin dejar rastro. Espero que me perdonéis estas
idas y venidas, este ajetreo. Pero de naturaleza soy inquieta y no lo
puedo evitar.
Queridas
mías, os mando un fuerte abrazo a todas y espero poder trasladarme a
alguno de vuestros palacios para haceros una visita en persona.
Con
afecto,
Su
Muy Egregia Señora Mª Bernarda de Jinjol i Taronger
Marquesa de lo
Bonico y Jamía
Vizcondesa de Russafa
Señora de Patraix
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