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Fue una velada maravillosa, acompañadas de varios de nuestros pares más queridos, como Don
Mercuchoff de TT LL RR y su señora Carfixa, El príncipe
Odysseus I – o Maria de las Mercedes, que es que me lío – la inconmensurable
Fulgencia de la Lobera y, por supuesto, Manuela de Montespan.
La última cena (del año, no que hubiésemos cenado con Cristo, aunque algunas de las presentes, por edad, pudieron muy bien servir aquella Santa Mesa) fue sencillamente exquisita, como todo lo que sale de los fogones y las mágicas manos de la
Montespan. Tan sólo faltaron mi hermana Trullina, que estaba con el religioso subido y decidió darle dos vueltas al cilicio y hacer
retiro para mortificarse estos días, y mi querido Dom Joam de Montecarmelo, que si bien no estuvo la noche de despedida del año, por encontrarse poniendo una pica en Flandes, si tuvimos el mayor honor con el que podíamos ser regaladas
Fulgencia y yo en nuestra visita, una soireé encantadora en su pabellón de caza. Pero eso fue unos días después de la Nochevieja, no adelantemos acontecimientos.
Después de la medianoche se acercaron a rendir pleitesía…. digo… a cumplir como buenos cristianos
Doña Francisca de Sisanta y Nové y marido, y también una antigua artista de cabaret que casó con mozo de buen pectoral y la retiró, antigua amiga de
Manuela en sus tiempos mozos cuando trabajaban juntas….. uy, perdón.
Después de la cena en el Palacio de Manuela, fueron tan gentiles de llevarnos a tomar unos espirituosos a un local de lujo y distinción donde podíamos acudir sin ver perjudicadas nuestras reputaciones, Maison La Mêtró, donde nos encontramos con los
Marqueses de Lagartera, Don Fabio de Rol y Caimánc y su marida Doña
Albertina de Enq en el cual nos deleitaron con unos números musicales y alguna actuación circense. Uno de los números más curiosos fueron una pareja de holandesas contorsionistas llamadas Las Natachas, que estuvieron sorprendentes. Luego actuó una cupletista que nos encogió el corazón a todos con una copla triste sobre una tal
Manoli la Cucañera, en la cual la pobre protagonista se arrastra de amor y termina mal, cosa por otro lado normal en las coplas sureñas; ya te mandaré la letra, para que veas que no miento.
El primer día del año Manuela ofreció un brunch para todo aquel de la Corte que quisiera acercarse a Palacio, pero sólo acudieron
Don Mercuchoff y mi protegido Dom Joseph de Cruixers y
Bateles, al que también vimos durante la velada anterior y estuvo como siempre, encantador. Este hombre nos va a traer a más de una de cabeza,
Milly, pues cada día está más gallardo.
Y finalmente, el último día de nuestra estancia en Barcina fuimos regaladas con una invitación al Pabellón de caza de
Montecarmelo, como te he referido antes, dónde se nos ofreció una cena exquisita salida de los fogones de
Dom Joam, y para los postres nos preparó una exótica sesión de tabacos árabes y licores traídos de sus muchos viajes.
Dom Joam, que además de ser encantador, estaba más arrebatador que nunca (le sienta bien el matrimonio) nos mostró algunos retratos suyos pintados por ilustres pintores y nos temblaron las pantorrillas a
Fulgencia y a mi cuando nos enseñó unos de su juventud. ¡¡Santo Cielo que varón!!
Así que, como te cuento, volvimos encantadas de esta visita a la familia. Fulgencia tuvo a bien invitarme a su calesa a la vuelta, llevándome hasta el Reino de Valencia camino de su Murcia (siete veces coronada, Murcia, no
Fulgencia) natal, dónde convocamos un fugaz encuentro con nuestros queridísimos
Bernarda del Jinjol y Taronjer y Don Yannusio de la Fértil
Vega, que haciendo gala de su exquisita educación se acercaron a vernos a la parada de postas para tomar un refrigerio con nosotras mientras yo esperaba la salida de mi silla de postas camino de Mandergay, dónde me encuentro ahora descansando de tanto festejo y tanta diversión como nos han proporcionado.
En fin, Millenia, que tienes que quitarte ese síndrome de Estocolmo que te ataca de vez en cuando y venir a verme alguna que otra vez, que te echamos mucho de menos, pues ya ves que han sido unas fechas de vorágine en las que hemos visitado prácticamente a toda la familia y, porque no decirlo, a casi toda la Corte, pues en estos tiempos impíos y republicanos que corren hace falta estar unidos.
Esperando verte pronto, se despide de ti tu idolatrada
Yorelia de Winter y Manzanares
Marquesa del Férreo Camino
Mandergay
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