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Pues he de contarte que fuimos mi hijo, una dama de mi corte y yo
al acto de graduación solemne de su curso de Príncipes Reinantes en la
Escuela de Serenísimas Altezas De Estado. La dama de mi corte por
supuesto que la conoces, es la hija de aquella anciana tan salaz que, en
vuestra única visita a Ithaca cuando yo estaba muerta, os atendió. Si,
lo tienes que recordar, fue aquella que hizo un comentario sobre el
original aparejo de plumas que Manuela, Fulgencia y tú
llevabais en los sombreros. Cuando resucitada mi hijo me lo contó me
quedé muerta, bueno, como muerta, porque ya había muerto y resucitado.
Mira, dejémoslo.
Digo que no la veo, a Millenia, con malos ojos. Es más, la
veo con muy buenos ojos. De hecho mi hijo me mostró un retrato suyo en
las carreras de caballos de Ascot y he de decirte que me ocasionó una
gratísima impresión. Un porte tan sumamente aristocrático, que yo diría
que es princesa húngara, con sangre tan azul como la del Danubio y que
"realeza" está escrito en su cara. Sin embargo, creo que mi hijo no está
enamorado de ella. Bueno, es que es difícil que mi hijo se enamore. No
sé, ahora está centrado en cerrar los Presupuestos del Reino y no está
para muchos enamoramientos.
Veo que has quedado impresionada por el enigmático señor MQA.
También me han hablado de él, y me parece, querida, que a mi también me
gustará conocerlo. Todo se andará, y no leas esto como una amenaza.
Entre líneas leo que puede haber algo más. Entre líneas y que quedarse
hasta la alborada sin temor al que van a decir. Que dirán, ya verás. Que
no se callan.
Mi estancia en Majerit fue muy agradable. Como íbamos con la dama
de mi corte, que no conocía la capital, pues fuimos todos hechos un
grupo, aunque el Sábado ella y yo nos retiramos al Palacete del Senador,
en la otra acera, opuesto antiguo palacete de Bagoas que mi hijo alquiló
durante el año, fuera del Quartier de Chueconia, pero muy cerca de él.
Fuimos al teatro y luego de cena con el Duque de Chueca. Y a fe mía que
nos lo pasamos muy bien. Luego mi hijo se fue a departir con viejas
amistades. Por cierto, que no sabiendo que estabas en Barcino me acerqué
a Mandergay, y me atendió muy solícitamente Mrs. Denvers, tu ama
de llaves, que se empeñó, como la última vez que estuve, en cepillarme
el pelo. Eso si, me lo dejó lustroso, mientras yo le contaba lo que
habíamos hecho y a quién habíamos conocido.
Lo que me cuentas de Manuela es del todo punto increíble.
Vamos, que si no me lo contabas tu, que se que no te inventas nada, no
me lo acababa de creer. Manuela, la impar Manuela,
conocida por su genio y su tronío con faldas alzadas a esas horas de la
madrugada corriendo al Noveau Palace. Desde luego, lo que hay que ver y
lo que ha corrido el mundo. No tanto como Manuela, parece. Sin embargo,
me alegro de su felicidad conyugal, al menos ella tiene una.
Y es que me doy cuenta de que a pesar de no se me note, el tiempo
pasa y no en balde, y no me quiero quedar como una señora estupenda sin
marido. Por eso he decidido emprender la búsqueda de un compañero para
mi vida. Quien sabe si reverdecer viejos laureles junto al padre de mi
hijo, Mount Karmel.... No lo se. Y es lo que pasa cuando los
hijos te crecen, que ya no te necesitan y viven su vida, pero hay que
dejarles hacer y no tenerlos atados en corto. Mi Ody siempre ha
sido un niño muy responsable, y no es amor de madre, lo dicen todos mis
súbditos. Bueno, sus súbditos.
Y no hay mucho mas que contar, salvo que he vuelto a retomar
aquella vieja afición de bailar minués de las Indias y voy a clases con
damas de alta alcurnia y caballeros. Luego tendré que ir a ver que hago
para perder unos gramillos de nada que me he puesto encima y .... poco
mas, pero ....¡calla! se me olvidaba. Una bella amistad ha surgido entre
Fulgencia y una tal Señorita de Autre Cris, bueno, bella
amistad por parte de Fulgencia, que esta empeñada en quedar a
tomar café con la madmoiselle. ¿Nefando pecado de tijera?. Coincidieron
el otro día en los salones, bajo la atenta y cariñosa mirada de Dom
Joam que siguió con interés las evoluciones de la conversación de
las dos bellas.
Y ahora si que me voy que me esperan las clases de minué.
Un beso rítmico
Maria Mercedes
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