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Yo siempre he
dicho que quien piensa, gasta, y si se gasta, hay que reponer, pues de
la flaqueza se sacan fuerzas, pero eso no es mas que un decir, porque
como todo el mundo sabe, de mula flaca no se saca más que pellejo y que
rocín delgado sólo ocupa sitio. Es obligado el respeto al templo que es
el cuerpo y eso hago yo: cuidarlo, porque si no estaría faltando a tan
claro precepto que así establecieron los Padres de la Iglesia. Ya sabéis
que yo, a estos obispos modernos, con todo el respeto, no les veo del
todo en la verdadera senda. Sabrán ellos de arrebatos despenseros y de
la contemplación de la Gloria. Unas lo consiguen bebiendo agua sucia de
fregar los platos, como las místicas esas castellanas: bien, yo lo
consigo en contemplación de embutidos, para mejor mortificarme pensando
en la privación que me supone el no catallos ni meneallos, si bien
cierto es que los éxtasis esos deben hacer una transmutación, milagrosa
por supuesto, pues la materia que antes ocupaba la despensa en que
medito queda reducida a la mitad. Y os hablo con esta libertad y sin
temor pues siempre os he hecho sabedor de este tormento u privilegio que
el Altísimo tuvo a bien otorgarme.
Si bien para
tormento y éxtasis el que la Duquesa,
Mariasantisimalabendigaportodasuvidaqueledureynoseacabe, ha tenido estos
días pasados. Sabed que fueron días de fiesta y agasajo en Palacio, pues
hubo reunión familiar con motivo de la visita de S.A. la Marquesa
del Férreo Camino a mi patrona, trayéndose de paso a una joven
norteña con nombre de calendario o de fiestas de jubileo, no se muy
bien, y apellido que no se como calificar. Me refiero a la Señorita
Milenia de Gotolihgt. Servidora, que en sus viajes aprendió de todo,
sabe que lo de Gotolihgt significa en la lengua de la Inglaterra “Ida
como un candil”. Una, ya sabéis que, por mor de mi profesión de
religiosa, no participa en los actos de palacio, salvo la misa de doce a
la que asiste la cocinera, el secretario Victor y yo –la Duquesa
no se preocupa de estas cosas porque siempre dice que la gloria la ganó
en vida aguantando a tanto botarate- . Pero el caso es que me dieron
esos dichosos arrebatos ex -despensa una y otra vez durante esos
días y siempre, fijaos que casualidad, cuando me hallaba entre los
cortinajes de las estancias de palacio, que es un sitio muy tranquilo
para estar sin que nadie la moleste a una mientras medita sobre las
miserias de la condición humana.
Pues la tal Gotocandil esa será joven , pero parece que el
Oscuro las críe, porque sin duda, debido a su influencia, en Palacio se
alteró la costumbre hasta extremos que servidora desconocía: jamás
había visto a mi señora tocar el clavicémbalo a altísimas horas sin
freno, ni que se quedara traspuesta en la chaisse longue del salón de
lectura delante de los invitados, ni que su hermana morganática Dª
Yorelia se dedicara a sacar todo tipo de ropajes viejos de los
baúles de las buhardillas de palacio disfrazándose de mujerzuela,
dándose con ellos al desenfreno; tampoco había tenido de ver –al menos
tan de cerca- a la Señora hermana putativa de mi patrona, la Condesa
de Put i Ferí, con esos ojos tan brillantes y acuosos que daban
miedo, como si lo que en ellos se reflejaba fuera la pura imagen del
Pecado, así , dicho con mayúscula, para que se vea que es gordo y mortal
de necesidad. Los convidados a palacio pronto se contagiaban de la misma
locura y aquello no terminaba en bacanal diaria porque Dios no lo quiso
y porque se quedaban dormidos antes de tiempo, que si no...
Y todo eso, creedme, es obra de la Gotoliht, que aquí nada
pasaba antes de que ella hiciera aparición. Imaginaos el panorama que
había, que el acompañante de mi Señora, Dom Juan Ramon de Juan Ramon
de Kelargo y Altoletxekeseljodio decidió ausentarse de los fastos,
sin duda por olerse algo y ser dicho señor de natural prudente, lo que
motivó grande enfado de la Duquesa que, sin pensárselo dos veces, cuando
recuperó el ser tras la juerga de la víspera, mandó enjaezar la calesa a
primera hora y fue directamente al Palais Nouveau, donde reside el noble
en cuestión , para afearle – al modo que la Duquesa afea las
conductas ajenas, es decir a abanicazos- el dejarle sola en medio de
aquella partida de desalmados. O eso me contó la Montespan, pero
yo, que en mi ignorancia de las costumbres mundanas soy ciega, sorda y
tonta - que no muda porque callada no sé estarme - no la pongo en duda,
pero creo que las cosas fueron por otros derroteros y lo que en
principio fue batalla terminó en armisticio con intercambio de
reverencias y genuflexiones. Ya me entendéis; y digo esto porque la
Duquesa se quejaba de dolor de comisuras, lo que hace suponer que
grande y prolongado fue el parlamento que tuvieron tan excelentísimos
señores.
Pero me estoy desviando de lo principal: me da que la
Gotolight esa debe venir o tener relación con alguien que Vos y yo
conocemos sobradamente y cuyo nombre no oso siquiera escribir, por el
miedo que me infunde. Entendedme: no es normal que cuando todo
transcurría en palacio del modo más agradable y normal se transmute y se
dé en un frenesí sin explicación. Y si no viene, tendrá relación. Vos,
que tenéis relaciones con esos mundos por vuestro cargo de Palanganero
del Inquisidor General en Barcelona, sabréis cómo averiguar lo que sea
menester. Yo, en tanto, quedo en palacio, con ojo avizor, y os avisaré
de cualquier cosa que os reporte utilidad.
Con toda humildad y reverencia,
R.
M. Madretere |