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Bueno, como te decía, vengo en un pasmo. Estuve cenando el sábado
en Barcino con María Manuela y mi querido Mount Karmel, la
Marquise de Beaumont-Argentone et Font D’Argent, y por supuesto
Mercuchoff y su querida Svenia, que cada día se les ve mas
enamorados. Yo llegué un poco tarde porque sabes que siempre que puedo
voy a las termas, lo que me hace conservarme tan estupenda como siempre,
y la verdad, se pasaron un poco con el tiempo de masaje. Sin embargo,
nada que no pudiera entretenerse. Sobre todo estando como estaba
Mount Karmel, que ya sabes que cuando habla difícil es que se le
resistan las damas -sobre todo las damitas tiernas e inocentes como yo
..... y no añadas "si, en un tiempo muy, muy lejano"-.
Había ido a Barcino para ver si las convencía de que vinieran de soiree
a Ithaca, a ver las celebraciones de la Pasión de Nuestro Señor; pero ya
había hablado en la comida con Mercuchoff y me dijo que en esas
condiciones no iba a ir nadie. A saber, al edecán de mi Casa se le
olvidó cursar en tiempo y forma las invitaciones; y que quieres que te
diga, para el bochorno que pasé, ¡qué bueno es tener un edecán al que
echarle las culpas!.
Pues eso, que vengo en un pasmo, porque no quieras saber,
Yorelia de mis entretelas, que cariz tomó la conversación. Yo no
pensaba que pudiera escandalizarme de esa manera; ni siquiera pensé que
pudiera turbarme de aquella otra. Ni ponerme de la otra mas allá - a
pesar de mi conocida flexibilidad de titiritera rumana que da botes por
las superficies lisas, herencia de una tía-abuela de los Cárpatos-. Y
no, no es que de pronto en la cena, celebrada en un conocido restaurante
de la ciudad, deviniera en orgía descontrolada, sino que nos pusimos a
hablar de política; tú sabes perfectamente que uno de los temas de
conversación prohibidos en cualquier reunión de buen tono es la
política, junto con el sexo y la religión. Temas de los que yo se mucho,
será por eso que siempre me aburro en los acontecimientos sociales.
Vaya, no me había dado cuenta....
Perdona, que me centro en el pasmo. Como sabes, en los reinos de
Khaymana ha habido recientemente elecciones generales; yo ya se
que a ti eso te parece una perversión, y además creí que también se lo
parecía a todo el mundo en la Corte. Sólo la Corte puede elegir al Rey,
que es como lo hacen sus iguales. Yo tuve que permitir lo que mi hijo,
con unas ideas muchísimo más avanzadas, había instaurado ya mientras yo
estaba muerta: una monarquía parlamentaria. Mira, soy de la opinión, a
pesar de lo que diga mi Odyrriquitín -que es como llamo al
Príncipe en la intimidad- al pueblo hay que tenerlo contento pero
sujeto.
Pues resulta que el pasmo consiste en lo siguiente: Maria
Manuela de Montespán ha ido a votar. Si, Yorelia, lo que oyes.
Maria Manuela ha ido a votar. Te lo repito: Maria Manuela de
Montespán, Duquesa de Montespán, de los Montcada, hija y
nieta de Montespán, emparentada en tres de sus cuatro cuarterones
con todas las casas reales de Europa, con y sin corona, e incluso las
decapitadas, y en el cuarto cuarterón con el Emperador del Trono del
Crisantemo, ha ido a votar.
“Se fué a votar con toda su santa cachaza”, contaba Mount Karmel.
“Con calesa, banda de sufragista, gorro de plumas y el Collar de los
Huevos de Codorniz”. Sólo quiero que cierres los ojos y, sin dormirte,
te la imagines, a Maria Manuela, saliendo de semejante guisa de
Palace. Toda vestida de malva, con la
calesa al descubierto y acompañada de la monja que siempre la
sigue como si fuera su sombra, rezando el rosario como una descosida,
talmente que si estuviera en medio de un exorcismo, su secretario,
Victoruno, y , ¡pásmate Yorelia!, la acompañaba Mount-Karmel.
Trataba de convencerla de que no cometiera semejante dislate mientras
ella iba jugueteando con los rubíes del collar engarzados a la rusa, del
tamaño de unos huevos de codorniz, apenas conteniendo su exasperación.
Pues cuando llegaron a esos sitios donde se votan, al Presidente
de la Mesa Electoral se le anunció la presencia de la Duquesa y al
momento salió el hombre haciendo mil reverencias y diciendo si traía la
urna. Ella desde la calesa dijo, mientras saludaba a la gente que se
agolpaba alrededor para mostrarle el cariño que el pueblo siempre ha
tenido con ella, que no. Mount Karmel contaba que se levantó
digna y dijo “Vayamos todas, y yo la primera, por la senda de la
Constitución”. Cuando Mount Karmel nos estaba contando esto,
salta la marquesita de Beaumont-Argentone (pronunciado aryuántuán)
diciendo que esa misma frase la había dicho en su época Fernando VII.
Claro, imagínate como nos quedamos todas.
Sin embargo, no acaba ahí la cosa. Bajó de la calesa y, siempre
acompañada del Presidente de la Mesa, se dirigió decidida al edificio,
mientras la gente la vitoreaba y le decía “¡guapa!” y esas cosas tan
sencillas y tan humildes, pero tan hondas y tan sentidas que dice el
pueblo llano que sabe siempre lo que dice. Cuando el presidente le
indicó que podía escoger una papeleta en el reservado. Maria Manuela
le dijo que ella no era una facinerosa ni se estaba ocultando de nada,
ni tenía que esconderse, que faltaría mas; y que donde estaba SU urna.
El Presidente la condujo a la mesa electoral “No quieras saber
como se puso al ver la urna monda y lironda” contaba Mount Karmel
“¿Dónde esta mí urna?, decía. “No me iréis a decir que pretendéis, panda
de mamarrachos, que el voto de la Duquesa de Montespán se mezcle
y cuente igual que todos los votos”. “Claro” nos comentó Mount Karmel
“ yo estaba tratando todo el tiempo de avisarla que eso no era como
ella pensaba”. Lo peor parece ser que vino cuando fue a depositar
la papeleta en la urna del Sagrado Corazón de cristal de Venecia que se
había traído de Palacio. El Presidente, al ver que Maria Manuela
sacaba un delicado sobre malva, perfumado con esencia de lavanda, le
dijo que ese sobre no valía.
“¡¡¡¿Cómo que no vale?!!!!. ¡¡¡¡¿¿Desde cuando no tiene valor el
papel con el membrete de la casa de Montespán ¿??!!!. Parece ser
que casi se lo come. La tuvieron que sacar dándole sales. Eso si, el
voto de la casa de Montespán se quedó en la urna de orfebrería
depositado por las delicadas manos de Maria Manuela.
Al llegar me encontré el monumento ... y el panorama. Todos con
las caras largas y con una columna de 16 metros y sobre ella una estatua
ecuestre de mi portando un sol, el de la victoria, claro, sobre las
tropas de Querelia I Reginna Canalis. En la base de la columna
las civilizaciones que cimentaron la rica cultura edeniense –romanos,
judíos, egipcios...- .
A ver, yo seré divina, pero no adivina, si no me avisan hago mi
vida
Por cierto, espero tu visita el Viernes Santo. El lugar esta
reservado en el palco de los Príncipes, Mount-Karmel no ha venido
al final. Parece ser que la madre de la marquise de Beaumont-Argentone
adora no se que oscura imagen, y no pueden desplazarse los cuatro –la
marquise, la madre de la marquise, Mount-Karmel y ese extraño
monje atosigador de párvulos que siempre los acompaña-. He
reservado un sitio para ti y cinco para Fulgencia, que vendrá con
su señor marido, no que Fulgencia ocupe de por si cinco sitios.
Besos pasmados
María de las Mercedes de Éden
Princesa Madre de Éden
PS: Incluyo boceto de Henri de la Brochagorde conmemorando el
evento en mi honor en donde no estuve ...
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