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Bueno pues…en fin, sonaron los
relojes y llegó ella; se la veía bien. Pero no estaba tan bien como
pensaba, porque el caso es que se fue directa al clavicémbalo: machacó a
Scarlatti durante horas; cualquiera que la viera diría que estaba
haciendo dedos. De pronto, sin previo aviso, atacó (y nunca mejor dicho)
a Salieri; ahí se montó la de dios en cristo, porque se le atascaron los
dedos y se indignó viva… tanto se indignó que le dio un acceso de tos
fortísimo: “Mi cordial, mi cordial“ decía, y le llevaron la botella de
coñac, pero el caso es que sin esperar a servirse en una copa, le dio un
trago a gañote pelao y, tal como lo cuento, le dió un espasmo y se puso
malísima.
De hecho muy malisima, tanto que se ha muerto. Os ruego que le
transmitáis la noticia a Dom Joam, que él sabrá qué hacer. Yo
estoy descompuesta, hasta el punto que pongo acentos en mi misiva, pero
cuento con vuestra comprensión: ha finido, sin heredero, la segunda
línea de la Casa de Barcelona. Víctor esta disponiéndolo todo,
pero el caso es que yo no sé muy bien qué hacer: dedicarle unos rezos es
provocarla y no tengo ganas de que un espíritu me de un capón, con la
grima que me dan, así que estoy más por encender una vela en la capilla
de Santa Rita en la catedral, que ahí al menos no me sacudirá. Y es que
hasta muerta me da miedo.
Mañana, con el alba, mandaré oficio al Hospital de la Santa Creu,
a ver si me admiten ahí, porque temo que palacio está definitivamente
cerrado. Y no me ha nombrado en su testamento, que ya lo hemos leído.
Una es monja, pero no tonta. Dice no se que de pulseras para sus
sobrinas. El resto de las joyas, al menos esas que se han comentado
siempre, las esmeraldas y otras cosillas ha dejado dicho que se vendan y
con el producto se pague la fundación de un hospital para orates, que no
se que son los orates esos, pero Victor dice que se ocupará y que
no me preocupe. Le he comentado si yo sería de utilidad con los orates y
después de mirarme de arriba abajo ha comentado algo así como “intuyo
que no”, que tampoco sé que quiere decir, pero Victor sabrá: que
se apañe.
Bueno, os dejo, porque he de dar la noticia a la Baronesa de
Ibiza y a la del Ferreo Camino, que supongo que no les
sentará especialmente bien la nueva.
Roguemos por ella, que está mejor de lo que estaba.
R.
M. Madretere |