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Yo creo que he sido abducida o abduta y he visto cosas. Lo
primero, y para que me fuera preparando, la inmensa Fulgencia
tuvo a bien alojarme en su palacio de Murciasietevecescoronada nada mas
llegar la noche del Jueves Santo. Acto seguido, en cuanto me hube
instalado, nos llevó a ver la procesión con la que honran la muerte de
Nuestro Señor Jesusito. Fulgencia me dejó entre el pueblo, bien
acompañada por su marido, para que pudiésemos apreciar más el fervor de
aquellos, desapareciendo ella entre la muchedumbre. Al rato, y una vez
que todo el pueblo llano entró en silencio, apareció una comitiva
portando un gran paso con una talla exquisita del Señor. Cuando éste se
encontraba en medio de la plaza, se empezó a oír un coro de voces
masculinas, precioso, impactante y sobrecogedor al que todos nos giramos
para satisfacer nuestra curiosidad por saber de dónde venía. Mi sorpresa
fue mayúscula cuando entre los varones veo a una travestida Fulgencia
cantando como uno más. No me desmayé por no hacerle la competencia al
paso religioso. Nuestra querida Fulgencia resulta que tiene un
pico de oro y es capaz de transmutarse y adaptar su delicado timbre de
voz para adaptarse al coro en el que se integra, que como en este caso,
se trataba de uno compuesto sólo y exclusivamente de hombres. Eso si,
precioso.
Cuando dejamos a su señor marido en su propio palacio, pues tenía
asuntos que atender al alba, nos fuimos al palacio de Fulgy y
allí hicimos lo propio de señoras de rango hasta bien entrada la noche:
chafardear.
La de la Lobera me puso al día de quién es quién en su Murcia
natal, con todos los sobrenombres a los que nos tiene acostumbrados: La
Toldos, La Melita, La Queen Mary, etc… lo que no alcanzo a entender es
como aún nacen criaturas con todos los pares de genes bien enzarzados,
pues allí se dan demasiado las relaciones endémicas. Parece ser que
todos conocen las enaguas de todos.
Al día siguiente salimos para Lorqville, aunque ahora en la
entrada de la villa pone Ithaca, ya sabéis, el reino de Maria de las
Mercedes. Os supongo informado de que Mercedes hizo una
convocatoria para que disfrutásemos de los festejos de su reino.
Convocatoria a la que acudí.
Recogimos a Merceditas en su fastuoso palacio y fue muy amable,
nos enseñó toda su villa, incluidas las capillas que tienen dedicadas a
la virgen. Se deshizo en explicaciones sobre las maravillas que vimos,
paños de sedas, capas, capotes, tallas de la virgen y de su hijo (el de
la virgen, no el de Mercedes, aunque tiempo al tiempo), reliquias
religiosas de altísimo valor y un sinfín de cosas más. A última hora de
la tarde, y yendo ya un poco cocidas… digo… un poco alegres por efecto
de tantas comuniones como nos gusta hacer, que ya podían hacer el vino
de misa sin alcohol, que las que somos muy pías terminamos un poco
piripis de tanto comulgar, nos ubicó en ….. bueno, aquí mejor doy una
explicación para hacerse una idea.
En el paseo ilustrado que Mercedes nos regaló, pudimos ver el
reino preparado para los festejos, y a mi me llamó poderosamente la
atención una calle muy larga y ancha en la que habían dispuesto asientos
en varias filas hacia arriba por un número de seis, vamos, tal que un
sambódromo, para que os hagáis una idea.
Bueno, pues lo que decía antes de esta explicación, Merceditas
nos ubicó en una parte de esos asientos, acompañados de todos sus
parientes, que habían reservado oficialmente, pues no hace falta decir
que siendo la familia reinante, tienen a su disposición un lugar de
honor. Solo faltaba el chico de Mercedes, pero claro, luego le encontré
explicación. Nada mas empezar…. aquello (porque eso no tiene nombre
aun), vimos al Príncipe portando una vara de mando con la
insignia de la cofradía y un manto azul correspondiente a los colores….
de…. es que aquí me pierdo, no se como llamar a aquello.
El caso es que la villa tiene un fervor enorme por la moda, y por
lo visto, hacen un pase de modelos multitudinario para que el pueblo
decida qué colores se llevaran la siguiente temporada. Los partidarios
de un diseñador se ponen en una acera, y los partidarios del otro en la
otra, lógicamente. Entonces empieza la .. cabalgata? Desfile? Procesión?
O una mezcla de todo eso, con amenizaciones con caballos, cuadrigas,
carros, carrozas y un sinfín de adornos previos. Entre tanto, los
partidarios de un diseñador sueltan exabruptos contra los partidarios
del otro diseñador, alternativamente. Ni que deciros tengo que la
familia reinante, y por ser el niño de Mercedes muy popular, se
lleva la mayor parte de los “piropos”. En esos momentos hay que dejar la
compostura (como hizo Merceditas y la señora que se encarga de la
intendencia de palacio, a la que Mercedes quiere como una madre)
y dejarse llevar por la vorágine del pueblo. Aun me duelen los oídos de
lo que pude llegar a oír. Sobre todo de boca de Mercedes, que hay
que ver como las gasta con los partidarios del otro diseñador. No nos
faltó ni buen yantar en el palco, pues la señora intendente se ocupó de
que hubiera, e incluso sobraran, alimentos riquísimos preparados para la
ocasión.
Esto duró aproximadamente cuatro horas, en los que pude ver todas
las propuestas que ofrecen ambos diseñadores, el Blanco y el Azul. Por
supuesto que el Azul ofrecía más variedad, calidad e imaginación, pero
no hay que desmerecer un diseño que mostró el Blanco de una túnica con
la cara de Cristo, portado solo por mujeres, que lo hicieron la mar de
bien.
Terminado el desfile, el chico de Mercedes se nos unió
para acompañar de vuelta todas las carrozas hasta la iglesia a la que
pertenecían. Esto se hace siguiendo tales carrozas por la calle, a pie,
comentando lo visto. Una vez llegados a la iglesia titular y propietaria
de las carrozas, habiendo pasado previamente por debajo de la nueva
escultura ecuestre dedicada a Mercedes y siendo ella principal
Señora de aquella villa, nos situaron en un lugar dentro de la iglesia
propio de señoras de rango: el Altar Mayor, desde el que se ve
perfectamente la llegada de los pasos. Para estar más seguras, la
guardia personal de Merceditas montó guardia a nuestro alrededor,
y hay que ver que ojo tiene La Michirona para elegir seguridad.
Tenía un guardia, que seguramente es el encargado de las escuchas
secretas, por las orejas, que le daban un encanto que ni os cuento,
Dom Joam, pero porque estábamos en lugar santo, si no, Yorelia de
Winter pierde el título. Ay! Que me desvío del tema. Como os
contaba, van entrando con gran dificultad y mucho arte por parte de los
porteadores en la pequeña capilla, hasta que llega la que porta la
modelo que suele llevar el diseño más importante del modisto. Entonces
el pueblo, acumulado a los pies, estalla en gritos y aplausos, vivas,
piropos y todo lo que se les ocurre, la orquesta acomete una pieza de
ritmo diabólico y las masas se exaltan hasta el paroxismo, arrastrándola
a una a imitarles y dejarse llevar. Un ritual frenético en el que se
entra en trance y una se sale de si misma dejándose llevar por el
vórtice hasta dónde quiera llegar el alma. Cuando una vuelve en sí, o al
menos cuando yo volví en mí sin vivir en
míquetanaltagloriaesperoquemueroporquenomuero, me encontraba ya fuera de
la ermita acompañada de Mercedes y el Príncipe, que
también volvían en si en aquel momento, paseando a la fresca camino del
palacio de Mercedes, a la que dejé aposentada y emprendí camino del
segundo palacio que Fulgencia tiene en aquellas tierras.
Hicisteis mal en no venir, pues Fulgy tiene un palacio
suntuoso en el que puede alojar a cientos de invitados y no hubierais
precisado de contratar alojamiento. Además de haberme acompañado en
semejante éxtasis, pues con un varón de vuestro porte me hubiera sentido
más segura entre la muchedumbre y yo hubiera disfrutado de vuestra
compañía.
Al día siguiente disfrutamos de la villa de asueto a la que acude
Fulgencia durante el estío degustando la rica cocina de la zona
hasta la hora de marchar hacia Majerit. Fulgy quedó acompañada de
unos familiares venidos de tierras lejanas que hace tiempo yo misma
conocí en una villa catalana llamada Babalú.
En fin, Dom Joam, que os eché de menos, a vos y al resto
de nobles catalanes con los que las celebraciones hubieran sido algo
digno de recordar por todos los tiempos, pues ver un espectáculo de
tales dimensiones es para compartir con las amistades, así puede una
apreciar otros puntos de vista, pues estoy segura de que aquello tiene
varias lecturas y la vuestra hubiera sido de lo más interesante. Espero
que el año que viene podamos acudir todos, pues merece la pena verlo
otra vez para poder reinterpretarlo y asimilar la devoción de un pueblo
por sus diseñadores de telas.
De todos modos, de poco sirven estas palabras, pues es tan
indescriptible que hay que verlo para conocer toda su espectacularidad y
desde luego, yo no soy la más desenvuelta en nuestro lenguaje para dar
una crónica siquiera acertada de aquello.
Os emplazo a vos y al resto a que el año que viene hagamos lo posible
por acudir, pues ver a Mercedes y al príncipe Odysseus en
acción ya vale la pena…. Habría comentarios para los restos.
Un beso fashion
Yorelia de Winter
Marquesa del Férreo Camino
Mandergay
P.D. Me he enterado que Manuela dice que se ha muerto. ¿No
le habrá entrado el mal de Merceditas, que luego le dará en
travestirse con morcones y demás? Dios le acompañe en su delirio, pero
espero que vuelva en si. |