|
|
Estimada hermana litúrgica:
Pido mi absolución con carácter retroactivo de antemano por todos
aquellos pecados cometidos y por cometer. Si bien cierto es que participé en las
satánicas eucaristías de Palacio durante dos días y dos noches, he de explicar
en mi defensa que el innombrable no se lo trajo una señorita tan blanca y lucera
como yo. Más pudiera ser que los influjos oscuros residieran en el mismo palacio
y se alteraran con la presencia de tal blanca luz de infinitos vatios, que una,
de nacimiento, lleva a cuestas.
|
|
Me
inclino a pensar que seres como Yorelia de Winter, que caminan dónde los
mortales osan pisar, animaran tal poltergueist y desenfreno. Reitero mi
inocencia.
Así que desmiento oficialmente y hasta donde mi cargo me permite tales
injurias, sabiendo el Altísimo como sabe, que gozo de influencia divina,
compartiendo lazos de sangre con el mismísimo Jesucristo del Nuevo Milenio (de
ahí mi soberano apellido), el cuál me bendijo en día santo con sus propias manos
(sin clavos en esta ocasión). JC, acrónimo de mi familiar, ha dispuesto su alma
para pagar nuestros pecados por dos veces. No me voy a extender en los designios
bíblicos, pues el motivo de mi carta es más bien otro.
En realidad, y una, que ha afrontado grandes batallas, tiene miedo. Vos
sabréis qué mejor hacer en estos casos, pues el asunto es de orden sobrenatural,
y ni tan siquiera mis enlaces espirituales con el anterior JC pueden arrojar
algo de calma sobre mi sobrecogimiento.
El pueblo llano y por ende la corte acogió con escepticismo la nueva del
tránsito a mejor vida de La Duquesa. Pues bien, yo lo creo, porque de
otra manera no se explican las espeluznantes apariciones que llevo presenciando
durante las últimas semanas. En el recinto de mi villa vascuence he tenido que
enfrentarme atónita a violentas sacudidas de cuadros, las peores obras de
Salieri tocadas con un estilo totalmente grotesco y de pompas fúnebres, y voces
ahogadas y macabras que murmuran “aún no me he vengado”
con una risa jatemueras propia del averno. Y todo esto, y he aquí lo
escalofriante del asunto, sin mediar acción humana.
Como medida cautelar, y en caso de que realmente se ejerza algún tipo de
influjo maligno o que desestabilice mi inestable cordura, he dispuesto mi alma
en manos de un ermitaño poco conocido que ha demostrado obrar milagros en nombre
de su propia religión. Sí, es impropio, pero mi temor es tal que viajaré con
carácter de urgencia a visitarlo peregrinando como una impecable sierva de Dios.
Sin embargo, dispongo mi alma a su merced para que obre de la manera más
adecuada.
Ruego prontitud en mi súplica, en JC, nuestro señor,
Millenia de Gotolight y Brioches
Señora de la Bella Easo y Marquesita del Bollo
Flavióbriga
|