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Pero cual fue mi sorpresa, que al
llegar a la última parada de postas que hay justo antes de la gran
ciudad que hay cerca de Flavióbriga, recibimos nota de Milly
comunicándome que me esperaba en dicha ciudad.
Resulta que Millenia ha
dejado el palacio paterno dónde vivía en Flavio…eso, el Palacete de los
Músicos, para trasladarse a la gran urbe, donde tiene más posibilidades
de relacionarse con gente de bien, mundana, y todo eso, y así encontrar
un marido a su altura, pues la muchacha está en edad casadera y su
cuerpo ha llegado al momento en que a una le pide marido.
Pues te contaré que Milly se
ha instalado en un palacio propiedad de la familia, el Palacio de las
Mil Estancias, que, por supuesto, hace honor a su nombre, y que me tenía
reservada una sorpresa: Era la inauguración. El palacio es fantástico, y
solo está a falta de algún retoque que otro, pero prácticamente listo
para poder celebrar fiestas, bailes, cenas y actos sociales a los que
acudan buenos mozos en edad de matrimoniar.
Las cocinas son fastuosas, por la generosidad de espacio que les han
destinado, los múltiples salones son acogedores, las habitaciones
cómodas y la sala de baño es…… simplemente indescriptible.
Una vez se aseguró Milly de
que me había aprendido el plano del edificio para saber volver a mis
aposentos si necesitaba algo, salimos a pasear por la ciudad para
dejarnos ver. Así disfrutamos del buen tiempo que nos ha hecho,
acompañamos al cochero a surtir palacio de provisiones y volvimos para
cenar algo en el propio palacio. Como la de Gotolight es tan
atenta, quiso que la primera comida en su palacio saliera de sus manos,
así que dio la noche libre a la servidumbre y nos metimos las dos en las
cocinas. Fue un rato de hermanamiento y risas, como sólo dos señoritas
de bien lo pueden pasar (si, mona, soy señorita, porque estoy soltera,
bo ni ta ). La cena nos salió ligera y exquisita, y encima preparada por
nuestras manos nos supo aun más deliciosa. Luego fuimos a tomar unos
espirituosos a algunos locales de moda, eso si, con mucha clase.
Hablamos largo y tendido, y encuentro a La Marquesita del
Bollo con muchas ganas de formar familia. También tuvimos ocasión de
perder los papeles con algún joven de buen porte como solo los hacen en
el norte. Eso si, solo con la vista, pues los mejores mancebos suelen
estar ya ocupados.
A la vuelta a palacio, Millenia quiso deleitarme con unas
piezas al piano, pero cuando aun no había terminado de sonar la primera
nota, ambas pegamos un bote, ella en el banquito del piano, y yo en el
canapé en el que me tomaba un te, al oír golpes de ultratumba al otro
lado de la pared del saloncito. Yo hice jurar a Millenia que en
ese palacio no se habían producido nunca emparedamientos, y ella estaba
tan sorprendida como yo. Al final descubrimos que se trataba de las
inquilinas residentes en el palacio contiguo, que, seguramente, estaban
clavando algún soporte en la pared para colgar algún noble retrato de
sus antepasados, pues no creo que unas notas de piano a las 6 de la
mañana molesten a nadie, hija. Así que decidimos por esa noche irnos a
la cama, ya dándonos las claras del día.
Cuando nos amaneció a eso de media mañana – recuerda que a
Yorelia sólo le amanece cuando abre los ojos – nos fuimos a picar
algo y dar un paseo por las zonas aledañas a la capital recuperadas para
disfrute del pueblo. Volví a impresionarme con ese palacete coqueto y
humilde que se hizo construir la famosa coleccionista de arte Maria de
Guggi y Heim. Y así paseamos por la orilla del río hasta la hora de la
cena, que hicimos en un establecimiento de comidas de la parte más
antigua de la capital. Luego volvimos al Palacio de las Mil Estancias
para hacer tiempo, pues aún no era la hora de los espectáculos, y
Milly me deleitó con un enriquecedor rato mostrándome los retratos
de sus antepasados y algunos de ella misma cuando era niña. Tantos
retratos tiene que se nos hizo tarde para ir a ver ningún espectáculo y
decidimos retirarnos pronto.
Al día siguiente me esperaba otra sorpresa aún, pues Millenia
tuvo la deferencia de alquilar una silla de postas (recuerda que mi
carruaje se encontraba en el palacio de mi amiga cántabra) para ir a
visitar a sus progenitores al Palacete de los Músicos. Gente
absolutamente encantadora y mundana que nos obsequió con una selección
de recetas oriundas. El palacete en el que Millenia se ha criado
es sencillamente precioso, con bucólicas montañas a un lado y un pequeño
puerto al otro. Ya me explico por qué la niña es tan recia, y es que la
vida del campo curte mucho, solo hay que ver a los habitantes de la
comarca propiedad ancestral de la familia Gotolight.
Luego sólo nos quedó esperar la llegada, ya de vuelta, de mi
amiga cántabra, que volvía con mi carroza, para seguir viaje juntas otra
vez hasta Mandergay. Millenia me dio muchos recuerdos para ti y
para tu chico, el príncipe, nos apenamos las dos con la desaparición de
Manuela, pues resulta que si, que se ha muerto del todo, y
tuvimos recuerdos para todos nuestros amigos comunes, que sobre todo son
los de Barcina y tu y Fulgencia de Murciasietevecescoronada.
También me contó algo más en detalle de un viaje iniciático que hizo
hace poco tiempo en busca de sosiego para el alma, pero que resultó ser
una secta y Milly volvió a sus raíces sin sacar nada en claro.
En fin, Merceditas, que se te echó de menos, y que a ver
si alguna vez podemos hacer una visita conjunta a esta chica, pues a
ninguna jovencita en edad casadera le vienen mal unos consejos
provenientes de expertas como nosotras en el arte de recibir, pues es
función primordial para ser alguien en sociedad.
Esperando verte pronto, se despide de ti con un beso inaugural
Yorelia de Winter y Manzanares
Marquesa del Férreo Camino
Mandergay
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