|
Nos tenemos que ir mucho más atrás en la historia, que casi se
mezcla con la leyenda. Tú cierra los ojos e imagínate. Troya, siglo VI
antes de Cristo. El primero de los Montpensier, que en realidad
no se llama Montpensier, sino Merze y era sacerdote de Atenea en
la ciudadela de Priamo. Tenía una hija bellísima que se llamaba
Merzedeidas, muy amiga de Cassandra, la hija de Priamo. Como habrás de
saber por tus conocimientos de Historia Antigua, que cuando tú la
estudiaste era Relativamente Moderna, las damas de Troya asistían
expectantes y acongojadas en las altas torres de la ciudadela frigia a
los combates que sus esposos, novios y hermanos protagonizaban con los
aguerridos aqueos. El corazón de Merzedeidas palpitaba por un joven
troyano, y ella seguía sus evoluciones gracias a que el joven portaba un
casco con una cimera de profundo color azul.
Un día aciago, el joven, cuyo nombre no ha trascendido, cayó bajo los
dardos de Ulises, a la vera de las murallas de Troya. Y tal fue el grito
de espanto que profirió Merzedeidas que silencio el campo de batalla. Y
tal era su belleza aún en su dolor que, no estando en ese momento Helena
en las murallas, ella era la más bella de todas. El aqueo Ulises, el de
los mil ardides, quedó prendado de ella. Y la suerte de Merzedeidas
quedó echada.
Pues cuando los aqueos saquearon Illión, Merzedeidas formó parte
del botín del rey de Ithaca, que, con ardides, la había conseguido para
si. No mucho después, la voluntad de Merzedeidas de no sucumbir a los
engaños de su captor vaciló. Vamos, que se enamoró como una tonta. Pero,
ay, pobre Merzedeidas, porque cuando Ulises se encamó con Circe,
comprendió la pobre troyana que había sido un simple capricho del de la
barba roja. Sin embargo, era
demasiado tarde, porque Merzedeidas llevaba en su seno el fruto de la
pasión voluble del aqueo. Así que Merzedeidas se encomendó a Atenea
Uerticas y pidó su protección. Atenea, bajo al advocación de doncella
labradora, se la apareció en sueños y dijo. “Circe, bruja de la Cólquide,
tiene en su poder unos libros que me pertenecen. Cógelos de la cámara
que tiene dedicada a Hécate y huye que yo te ayudaré”.
Así fue como llegaron a mi familia los Carmina Sacra. Y siempre
han estado allí avisándonos de que las sucesivas reencarnaciones de
Circe, o Lasirse, habitan en este mundo. El libro avisa desprendiendo un
extraño fulgor malva. Yo se que,
como mi antepasada Merzedeidas, debo protegerme de Lasirse y proteger a
toda mi familia, porque nos la tiene jurada.
¿Qué hago, Maria Máxima?. Es que no me veo de
Supermerceditas.
Un beso atribulado
María de las Mercedes.
|