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Una noche, después de las tareas propias para llevar diariamente
Mandergay, jornadas que ocupan todo el recorrido del sol por nuestro
cielo, me senté, como todas las noches que puedo, con el bastidor y los
hilos para hacer un poco de punto de cruz, pues así me entra el sueño y
me relajo. Cuando más enmimismada estaba en la labor, aprecio por el
rabillo del ojo un fulgor malva que
me hace levantar la vista del tapete, encontrándome a Manuela
delante. Ni siquiera pensé en que aquello era extraño, por la alegría de
verla. Y automáticamente la saludé con mucho cariño y efusividad con un
“Hola, zorra, cuanto tiempo” (saludo cordial entre hermanas). Pero cual
fue mi sorpresa que me suelta un zarpazo, que mi instinto de
supervivencia me permitió evitar, arrancándome sólo los botones traseros
de la bata de estar por casa.
Ante esta reacción, pregunto (ya con la mosca detrás de la oreja)
que a qué viene eso, reprochándome el espectro (ahí ya me di cuenta de
que aquello era una aparición) no se qué sobre mi lugar, sobre mi falta
de atención y mi no saber estar…… Una es ante todo señora, y sabe estar
donde hay que estar, pero claro, no se puede estar si nadie ha
comunicado nada para estar donde se debe estar… Jesús!! No se ni como no
me he liado…. Prosigo. El caso es que así estuvimos buen rato, yo
intentando convencer al fantasma de que no tengo una bola de cristal
para adivinar situaciones y el espectro erre que erre…. Una tiene mucha
paciencia, pero claro, al sexto zarpazo sin intención de parar y sin
entrar en razón, ya se pone en su sitio, espetándole al espíritu de
Manuela que hasta ahí había llegado, que se acabaron los zarpazos y
que abandonara mi palacio al que había llegado sin aviso ni permiso.
Por lo visto, ante mi reacción, el fulgor intenta entrar en
razón, pero yo ya estoy fuera de mis casillas, pues entre insultos,
zarpazos y desprecios, además de estar tratando con el más allá, mi
paciencia se ha perdido por las estancias de palacio sin posibilidad de
encontrarla esa noche. Ante mi estado, el fantasma vuelve a la carga con
mas ataques, por lo que decido aplicar la técnica ocultista del /ingore
que tan bien me ha venido cuando me han visitado otros entes.
Hecho esto, y no quedándose tranquilo el espíritu, intenta
utilizar como médium a mi querida Millenia, pero yo le conjuro a
que no se deje ocupar el cuerpo con otras vidas, a lo que ella accede.
Como no puede comunicar conmigo, descubre que por medio de entes
inferiores llamados memos (esto no son señores lerdos, sino unos
angelitos que ayudan a las almas en pena a comunicarse con los vivos)
puede seguir atemorizándome, encontrándome cientos de ellos una y otra
vez, incluso al día siguiente cuando volví a la salita de costura.
Como la noche me había permitido sopesar las cosas, hice caso
omiso a los angelitos, pues eran muy hirientes y lo mejor era
ignorarlos, pues una nunca sabe como están las almas en el difícil
tránsito del limbo y cómo lo estarán pasando de mal para arremeter así
contra los suyos.
Aun así, como me habían llegado informaciones de todo tipo (eso
si, todas maléficas) por todos los canales habituales, decidí que no
volvería a tener trato con ese espíritu, pues el cariño por los míos
(vosotros) es inquebrantable y nada, por mucho que me vengan con
chismorreos, hace que esto cambie, pues yo solo reacciono ante zarpazos
sangrientos.
No volvió a aparecerse el ente, y vuelvo a coser tranquilamente
en la salita de costura, donde, ante los retratos de todos vosotros, me
siento mas cerca y mas tranquila.
Con esto, y comprobando que la muerte de Manuela es
cierta, doy por zanjado el tema y espero no tener que volver a tratarlo,
pues no es cosa que me interese. Tengo problemas mucho más importantes
que resolver a diario como para estar todo el día llamando a una médium
para que limpie mi palacio de malas energías.
Por otro lado, querida M. Máxima, quería comentarte que no
descuides mucho al chico de Merceditas, pues ahora tengo entendido que
le ha dado por la caza del oso, pero cual es mi sorpresa que son osos
sin pelo, y digo yo, Máxima, que para que se quiere un oso sin
pelo, pues si una no puede hacerse un buen abrigo, tampoco la carne es
muy saludable…. En fin, tú sabrás que para eso le has criado….
Un beso espectral.
Yorelia de Winter y Manzanares
Marquesa del Férreo Camino
Mandergay |