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A vos me dirijo, S.M.A.S.
Yorelia de Winter, sin saber que trato es el correcto a la hora de
dirigirme a vos. Bien sabéis que soy un bárbaro en cuestiones
protocolarias, y lo poco que aprendí en mi pasada y atípica estancia en
tierras occidentales, olvidé al volver a mis añoradas tierras
Orientales, quizá la mente es sabia y obliga a olvidar aquello que poco
merece la pena recordar.
Desde mi marcha he viajado mucho por el inmenso norte de mi
añorada China. Todo lo abandoné para dirigirme a las desoladas montañas
de Xihaigu, donde un áspero y seco viento de Noroeste quemó mi
acaramelada piel. Incontables bellezas, ninguna equiparable a una
sonrisa vuestra, asaltaron mi alma. Indescriptibles horrores azotaron
mis carnes, pero los pecados cometidos en Occidente, el abandono de mis
enseñanzas obligaban, exigían un sacrificio, un castigo. Llegué al
purificador río Yili donde entré en contacto con más de una veintena de
tarigas y grupos religiosos. Tuve el placer de sentir mi propia
conversión: mi yo renacido ahora es firme y callado. Me di cuenta que
había llegado el instante del viraje radical de mi vida. Me sumergí en
este mar de nueva vida, y ahogando mi antigua existencia, renací.
El cielo que me abraza mientras escribo estas letras que a vos
dirijo es rosado como las ardientes mejillas de una primeriza mujer que
entrega su pureza a su amado esposo. Lo miro, lo capturo y lo guardo en
mis recuerdos, pues, os anuncio, que tardaré lunas en volverlo a gozar.
Os comunico, a vos, que bien presente tengo vuestra afamada discreción,
mi regreso a Occidente. Renovado, fortalecido en mis enseñanzas,
renacido, creo poder afrontar las mil tentaciones que antaño me hicieron
sucumbir. He ordenado al más veloz, fornido, velludo y varonil de mis
correos que vuele, como el viento furioso que azota los furiosos mares
polares, que os entregue estas líneas para haceros sabedora de las
nuevas nuevas. Ruego que dispongáis de él como mejor lo consideréis
oportuno, es servicial y complaciente.. sabrá como satisfaceros en todo
aquello que preciséis.
No deseo robaros más vuestro preciado tiempo. Sobre las noticias
que mis mercaderes traen de palacios, tumbas e infiernos prefiero
hablaros en persona, bien conocéis mi prudencia, que nunca es poca.
Confío, eso si os adelanto, que gran parte de las noticias recibidas
sean fruto de la imaginación de alguna enferma mente que pretende nublar
mi paz interior, pues a mis humildes e incultos oídos han llegado
guerras, odios, histerias y desvaríos que me hacen temer lo peor. De ser
ciertos mis temores, sabed que mi incondicional apoyo pretende serviros
de puente, de muro que os proteja de incontables ríos que pretenden
inundar con lodos vuestra ajardinada y florecida existencia.
Que una suave brisa de oriente acaricie vuestra belleza de
occidente.
Un viajero beso.
DOM MARC DE POLO
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