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Amadísima Maria
de las Mercedes,
Habiendo recibido tu misiva, deseo ante todo comentar que el tono
de la misma refleja un cierto desdén. Estoy pues convencida que el
origen de semejante estado se deberá a los calores del estío, por lo que
permíteme que te recomiende que pasees por el Rastro donde encontrarás
alguna que otra filigrana que te ayudara a mitigar esos sofocos.
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Referente al sepelio, no ingerí remedio alguno que pudiera alterar
mi percepción. Desconozco si era tu caso, pues dada tu reconocida
memoria, me desconcierta que no recuerdes los hechos de ese día. Espero
que no estés tomando nada que pueda afectar tu sano juicio, querida.
Recuerda que mis médicos están siempre a tu entera disposición. Te
relato que vi a tu hijo Mercuchoff y al Abad, de la misma
forma que también te encontrabas presente, discretamente alejada de la
multitud eso sí.
Querida, nos conocemos y no podrás negar que semejante tipo de
ceremonia no nos la perderíamos ni enfermas, que mucho nos gusta luego
poder hablar y criticar de lo visto.
Dejando de lado pues el pasado, que pasado está, deseaba contarte
algo que me preocupa. Se trata del Marqués. Debo reconocer que
mucha felicidad no ha llegado a su espíritu con su reciente paternidad,
pero me afecta profundamente que trate a nuestro hijo Santiago con un
cierto desdén. Quizás sea un poco velludo, pero no es motivo para que no
lo abrace con cariño. Y a pesar de la vergüenza que siento
contando esto, debo decir que pillé al Marqués dando a nuestro
retoño pienso de las caballerizas y huesos de buey. Estoy profundamente
afectada. Que debo hacer?
Eternamente tuya,
Albertina du Enq
Marquesa de Lagartera
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