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El último de ellos ha sido el sacarme la licencia para conducir
cabriolés. Ya sabes, de tu ultima visita a Éden, que yo cabalgo a lo
amazona en un pequeño pero brioso corcel. Pero, que quieres que te diga,
resulta que, en amable conversación con Flohri-Anna Miranda de la
Villanew -una de las conocidas de la esposa del Príncipe
Mercuchoff, la sin par en ingenio Svenka Mercuchova- esta me
comentó que yo más que vivir en un Principado Principado parecía que
vivía en un Principado dormitorio, por aquello de que ora estaba en la
cercana villa de Alicante, ora en Barcino u ora cerca de los dominios de
la madre del Príncipe Mercuchoff, en la villa conquistada por el
Cid, Valence-sur-mer. Entonces fue cuando mi yo campechana se vio
conduciendo un cabriolé por esos caminos de España, a semejanza de aquel
román tan famoso hace tantísimos años, de dos mujeres que se van solas:
"Telmina & Luisa".
Dicho y hecho. Me acerqué a uno de los locales donde imparten
esas licencias de conducir cabriolés, e hija, en que mala hora me dejé
llevar yo por mi sencillez y campechanía tan admirada, porque me
cobraron un capital. Que a ti no te lo puede parecer, pero es que ya
sabes que, como dice mi adorado Mount-Karmel, soy devotísima
esclava de Our Lady of the Closed Fist, patrona de la
administración casera. El arrepentimiento definitivo me vino cuando he
visto los resultados del primer examen. Siéntate, Yorelia. Se han
atrevido a suspenderme el test de la primera lección. Cuanta razón tiene
mi hijo, el Príncipe cuando me decía "Mamá, tu ya no estás para estos
trotes y menos para esos galopes".
Pero es que no termina ahí la cosa, puesto que llevada por mi
sencillez y campechanía campechana, animé a Henry de la Brochagorde a
hacer una exposición con los trabajos que no son de retratos de la corte
de Éden -que somos dos, mi hijo y yo, porque no dejo que nadie más de
esta corte pase a la posteridad hasta que yo lo diga-. Y no veas.
Temiendo estoy quedarme sin retratista oficial. Con lo difícil que es
encontrar uno.
Por otra parte, mi yo campechana y cordial, que últimamente me
lidera en tantas cosas, no ha sabido realmente encontrar un marido, que
yo creo que es lo que necesito en realidad. Aunque según parece, en mi
última visita a Barcino, donde coincidí con mi queridísima amiga y aya
de mi unigénico, la Duquesa del Salar. Ella me dijo que en
realidad yo lo que tendría era que dejar de ser princesa y ser feliz, y
que entonces encontraría marido. Lo único que pude decirle,
cariñosamente, claro, fue "bruja".
En fin, querida, a la espera quedo de tu misiva. Y amenazo con,
si me saco la licencia, ir en cabriolé a Magerit a hacerte una misiva.
Un beso mientras te decides.
María de las Mercedes de Éden
Princesa pero Sencilla
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