|

|
Mi
queridísima y muy amada amiga,
Estoy que no
sé por donde empezar ya que este fin de semana pasado, estuve en el
Ducado Catalán y estoy que no estoy, te cuento:
Disculpa si me ves muy atribulada, pero es que tanta conmoción en
tan poco tiempo me ha dejado un poco, como te diría…“trastocada”.
Aunque para que te voy a engañar, una, es ya una señora entrada
en conocimientos y experiencias varias para saber que, como dirían los
niños de ahora, “algo huele a podrido en, (no se dónde)”, total que
empezaremos por quizá lo más me impactó en la cena que se organizó
en mi honor y en compañía de Dom Joseph de
Cruixers y Bateles, Mercuchoff de TT. LL. RR, acompañado de
una bellísima damisela (un poco desgarbada, pero muy mona, sí), el
Marqués de Lagartera y Marquesa du Enq, y como no, Dom
Joam de Montecarmelo, Duque del Carmelo.
|
|
¡Ay
niña!, todo empezó cuando en la entrada de la fonda, esa que solemos ir
tan a menudo, Ratolins, o Rasolisn, nos encontramos un letrero pintado a
brochazo limpio, que indicaba que en dicho local no se podían
aspirar los dulces humos que tanto nos deleitan en nuestras felices e
inocentes reuniones. La primera en la frente, como dice una “amiga”, en
fin, que nos resignamos a entrar para
compartir la última cena que allí íbamos a celebrar, si nuestras
libertades como Grandes Damas van a ser recortadas en beneficio de
alguna lerda que no sabe apreciar tan exquisitos
y fragantes aromas,
tendremos que elegir alguna de las muchas que tiene esa gran ciudad, y
así se lo expusimos al tabernero ese, que nunca sabes de que pie cojea.
Durante la exquisita cena
(sin humos), me fijé que mi muy querido
Duquesito de Montecarmelo, hacía el honor de lucir
las más
brillantes y “antiguas” joyas de su Casa, cosa que me dejó ya de por si
un tanto preocupada ya que como muy bien sabes, a pesar de la gran
cantidad y variedad de joyas que posee, casi nunca se le ve en público
con ellas. A todo esto y que entre plato y plato, muy delicadamente le
pregunté por sus “afers”, o como yo digo
normalmente, ¡que tal vas de chulos!. Ahí, en ese mismo momento justo
después de contestarme mi querido Duque, tuve un breve sofoco y
un acalorado desmayo, con decirte que tuvieron que reanimarme con esos
caldos que sirvieron con la comida, sí de esos que al día siguiente
tienes jaqueca y no sabes porqué. ¡Ay, Yorelia!, que se nos mete
a vida monacal!!, sí, lo que lees, que delante de todos y a ellos los
pongo por testigas, que mi muy querido y deseado Duque del Carmelo
dijo en perfecto estado de
sus facultades mentales (si a esto le quitamos la ausencia de humos y la
edad…), dijo que ya no estaba interesado en tales menesteres y que una
“Voz” le estaba llamando a reclusión. Comprenderás
que las jarras de vino volaban de mano en mano,
ninguno de los/las presentes daba crédito a tales afirmaciones, y más después de verlo enjoyado como
una Reina!!.
A Dom Joseph de
Cruixers se le cayó el tenedor, las niñas, las Lagarteranas, se
miraron al unísono como si estuvieran esperando que se abriera el suelo
y entre lenguas de fuego de azufre
saliera un demonio, Mercuchoff y acompañante no sabían si
descojonarse allí mismo o ponerse a llorar, y yo, tirada por el
suelo.(sin comentarios).
Al acabar de tan informativa cena, el Duquesito se
despidió muy formalmente y se retiró a su Palacete en Monte Carmelo. Las
demás, estupefactas todas, decidimos ir a probar algunos de esos jarabes
que dan en esos pequeños centros donde tanto “animal” tienen como
muestrario, y decidir, que no es criticar, la cordura o estado anímico
de mi querido Dom Joam. Que
después de unos cuantos jarabes de esos, y las maravillosas vistas que
el local lucía, dimos por terminada la elucubración y concluimos que nos
está tomando el pelo, y algo tiene escondido.
En fin, me despido ya mi muy estimada Yorelia, un poco
compungida pensando que quizá ¡no todo en el Monte es orégano!
Trullina de Raposal y Montespán, Condesa
|