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Comenzar
a describir mis largas historias es pesadumbre que llena mi alma, pero
tanta piedad y arrobo religioso me llevan a confesarme ante el publico
para que sea ejemplo de tan gloriosa y andariega vida, en la cual no ha
hecho sino dejar honda huella en todos aquellos que me han conocido bíblicamente;
sirvan estos escritos para que vean que los lean mis pesares, y mis
largas meditaciones y toda la maledicencia que en ellos he destilado,
como purga a mis largos pecados.
Comenzaré
relatando la gloriosa visita de mis pares en nobleza que a este Glorioso
Reino Siete Veces Coronado hicieron las ilustres Damas de las Cortes de
los Madriles y las Barcinonas, y que llenaron mi alma de gozo y alegría,
a la vez que me obligaban a estrujarme mi ya larga memoria, en cuanto a
linajes y leyendas de mi terruño, como yo apodo a mi Villa, centro de
devoción y veneno que esta enquistado en el alma de mi antigua Corte,
pero que ayuda a pasar las largas noches, urdiendo despellejes y
confeccionando trajes a ilustres y plebeyos que aquí habitan,
y que es lo mas normal en condiciones privilegiadas como la mía.
Mi Ilustrísimo hermano Obispo de esta Diócesis y
redactor de estas memorias puede dar fe de ello, tan exaltado como es en
todos los salones por su cuidado y amor en lograr de la escuela de
Seises y Seminario Mayor el mejor empeño y calidad, eligiendo él mismo
cantores y seminaristas que adornen las largas ceremonias de tan insigne
Catedral como la nuestra, en donde poseemos Capilla y Oratorio.
Pero
aquí comienza el relato de tan ilustre visita, sin más dilaciones ni
extravíos debidos a la palabrería propia de una dama de tan alta
formación como la mía. Después de largas misivas y retrasos llegaron
al Reino en carroza veloz las Ilustres Damas: Doña María Manuela de
Montespan, Duquesa de Montespán, y doña Yorelia de Manzanares,
Marquesa del Férreo Camino. Tanto Título agrandaba el cielo de modo
tal que parecía un carro de estrellas en el firmamento la reunión de
tan ilustres Damas de alcurnia y buen corazón probado. Adornan sus
personas no solo virtudes de diosas, sino además rancios abolengos y
sangre pura y cristalina que entronca con linajes de Grandes de España
y varios Reinos, siendo cortesanas de gran aprecio y sabiduría dentro y
fuera de Reinos y Cortes varias.
Nuestro
encuentro concertado fue en marco propio para la ocasión. Yo venía de
visitar el Beaterío de las Adoratrices del Divino Paquete y de departir
con mi querida beata Sor Ávida Puerorum, mujer de retiro y de grandes
obras piadosas. Asimismo de ver a la Madre Superiora Enriqueta
Albondigareboza, señora de orígenes vascos, pero entroncada con
familias de rancio abolengo como la de la
Santa Gadea y de los Condes de Moxo y Dobladillo, y que fue la
fundadora de tan gran Beaterio, del cual soy donante y devota. Aunque mi
formación religiosa tuvo lugar en las antiguas y gloriosas Damas
Negras, donde formaron tan recio espíritu en estos menesteres. Digo
que, el encuentro fue en la Plaza de la Catedral, sede de mi Ilustrísimo
hermano, y a la sombra de dicho Templo nuestra cita había sido
concertada.
Acompañada
de mi marido el Señor de Aljucer, Don Manuel de Aragón, que venía de
sus lecciones en la Escuela de Cristo, llegamos ante tan egregia
fachada. En su puerta esperaba, para mi sorpresa, un frecuentador de los
salones de mi villa, Don Lorenzo de Universitas, Barón de la Caña y
Pluma, vate donde los haya. Y señor de los bajíos del Río Segura,
lugar de encuentro de Damas y Señores en noches calurosas, de paseo
obligado para quien visite nuestra ciudad. Presentóme sus respetos, a
los que correspondí con un leve movimiento de cabeza y apertura de
abanico, observando su lozanía y sobre todo su apostura, (debe ser vate
de fácil lengua y de difícil pareado). Mi señor esposo presentóse y
comenzamos la espera.
Pasados
unos momentos, aparecieron las Damas, con un resonar de trompeta a lo
lejos, acompañada la Duquesa de su secretario Victor1 y de un paje que
no supe reconocer que atronaba con su trompeta antecediendo el paso de
sus dueñas. Presentaciones y alharacas, risas y arreglos de traje, todo
estaba dispuesto para la colación. Después de hacer todos los
pensamientos posibles acudimos a una posada de buena comida y mejor
estar en donde degustamos platos y vinos de muy buena calidad, amenizado
todo por los buenos versos del Barón y por la alegre conversación de
las Damas, que dado el tiempo que no se veían tantas cosas tenían que
departir. Tras ello, se me propuso llevar a cabo una visita por mí
inesperada y que parecía como obligada. A mi entender Doña Manuela tenía
previsto visitar el Principado de Éden, y yo, de inmediato, indagué en
mis recuerdos para
comprobar de dónde era ese principado.
Parece
ser que Doña María de las Mercedes de Montpensier, mas conocida por
“La Michirona”, había fallecido recientemente, de lo cual a mi no
me constaba, ni invitada había sido a sus exequias. Y había cedido en
testamento un Principado. Pregunté por la ciudad principal, y me
dijeron que era Heliópolis. De nuevo mi entendimiento no salía de su
asombro ¿Heliópolis, capital de un principado?, ¡Veamos!, dije yo en
mi desconocimiento. La tan querida y fenecida Mercedes, era conocida en
este reino por “La Recamier”, sobre todo por la facilidad de
movimientos y contorsiones que hacía en tan divino mueble, incluso con
su falda de miriñaque. Asombróse Doña María Manuela y espantóse Doña
Yorelia. Es imposible, decía yo: nunca esa villa tuvo Principado, ya
que es de concesión Real. Sí que se asientan en sus casas palacios
antiguos y nobles, como los de los Condes de San Juan y de la Familia de
los Guevara, y lo sé muy bien, por ser yo nacida en el Palacio de los
Robles de Escarabajal, que tiene su casa madre en San Juan de las Águilas,
Villa fundada por Su Majestad Carlos III y con concesión a mi Familia.
Por lo tanto, de
Principado nada: aquí hay un equivoco que tenía que aclarar. María de
las Mercedes era noble eso sí, pero ¿Fenecida?: raro, raro. ¿Casose y
enviudó? eso seguro. Algo no comprendía yo...Y un hijo?: ¡¡Qué
espanto!!. ¿Pero quién le ha dado las aguas? Porque mi Ilustre hermano
Obispo desde hace mas de treinta años no ha visitado la Colegial para
dar las aguas a nadie.... algo no se entendía. Las noticias en este
Reino son rápidas y raras y por tanto tan egregio suceso habría sido
motivo de celebración en toda Casa Noble conocida; y ni los Guevara, ni
los García de Alcaraz, ni los Salas habían cursado noticia a la Gaceta
del Reino...- Doña Manuela, Vos me mentís-, dije yo, a lo cual la
Duquesa, abriendo su abanico, respondió que buenas fuentes le asistían.
El
Barón, quien debía asistir a una misa en el Beaterio de las
Adoratrices y dar noticia a varias beatas amigas suyas de la llegada de
estas Damas, se despidió cortésmente, dejándonos con la promesa de
volver a vernos para recitarnos versos y chanzas. Nosotras partimos
hacia Heliopolis en mi carroza conducida por dos lacayos y mi marido,
que gusta de ocuparse personalmente de los nobles animales que
pertenecen a su cuadra.
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