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No hay nada
como los rastros que deja el tiempo. No me refiero a los del natural
devenir de las cosas, aunque esos también son expresivos de lo que
fuimos y no somos y algunas veces, más de las que deseamos admitir,
querríamos ser y ya no somos. Nunca nos acordamos de los momentos en
que maldijimos lo que estábamos siendo lo que luego, con el tiempo,
desearíamos ser.
Resulta complicado, pero es la manera mas sencilla que he encontrado de
reflejar lo absurdo que es la nostalgia. ¿Quién quiere la juventud y
quién quiere la belleza?. Es más, ¿para qué?. Vimos nuestra propia
lozanía marchitarse delante del espejo sin saber que hacer exactamente.
¿Realmente merece la pena volver a pasar por ese trance?. No se si fue
Horacio u Ovidio quien dijo a la muchacha que amara las rosas que la
juventud le ofrecía. Estoy seguro, sin embargo, que pensaría conmigo
que no hay nada más ridículo que una guirnalda de rosas de juventud
rodeando un cuello de papada marchita.
La sabiduría se encuentra en el Libro (que luego sería convertida en
canción de cierto éxito por "The Birds") Hay, para cada
cosa, un tiempo: para morir, para amar, para hacer la guerra, para
recolectar la cosecha... Si siempre estamos mirando hacia atrás, hacia
lo que fuimos, corremos el peligro de la mujer de Lot: convertirnos en
estatuas de sal, viendo la desolación imposible de nuestra vida,
arrasada por la inmisericorde lluvia del tiempo. Lo mas gracioso de todo
es que frente a nosotros, en cada precioso instante, se encuentra un
paraíso oculto, que esta dispuesto a dejarse descubrir, apacible. Tan
solo se trata de algo tan sencillo como mirarnos al espejo y decir lo
que somos, y decir que lo que somos es el producto de lo que hemos hecho
y de lo que nos han hecho hacer.
No hay nada mas hermoso que un rostro alegre, en toda edad o tiempo.
Nada mas limpio que una risa franca, sea cual sea el año. Nada mas sano
que mirarnos con franqueza a los ojos y llevar un poco mas allá el
inexplicable deseo de ser felices a pesar de todo.
Odysseus, 1 de Junio de 1.999
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