|
No voy a ser yo quien aleccione sobre la historia del movimiento
de reivindicación marica, porque se va
a poder encontrar en distintos medios de comunicación lo que supusieron
los disturbios de Stonewall y la manifestación del 28
de Junio del año 1970 en Nueva York. (Para los
cinéfilos/mitómanos destacaré el que tales disturbios sucedieron la
madrugada del funeral de Judy Garland, pero eso también lo podéis leer
en otros sitios).
De todas maneras este es el día del Orgullo Marica,
precisamente en el aniversario de la muerte de una mujer que no pudo ser
lo que quiso sino lo que quisieron otros que ella fuera, que, sin
embargo, supo transmitir un aura de encanto y cercanía y que cantaba
bastante bien, que le gustaba el espectáculo y que, además,
interpretó el himno del arco iris. A falta de un santo de la Iglesia,
sea ella nuestra doncella de San Luis.
Bromas aparte, llega el día veintiocho de Junio y se empiezan a
plantear cosas tales como que que es ser marica. Un compañero de ICQ me
dijo que en Estados Unidos comentan que la diferencia entre un
gay y un heterosexual es, tan sólo, unas cuantas copas. El
nunca bien ponderado joan1 apostilló que no, que no
había diferencia entre un heterosexual y un gay, pero que entre un
heterosexual y una maricona de rompe y rasga había un abismo.
Ante semejante disparidad de opiniones no sé yo muy bien de que hay que
estar orgulloso el veintiocho de Junio. Luego, claro, vienen un montón
de respuestas. Se puede estar orgulloso de muchas cosas. Una de ellas es
que, circunscrito al ámbito nacional, el armario, o la marginación, o
peor aún, la amenaza de cárcel vía Ley de Peligrosidad y
Rehabilitación Social, antes De Vagos y Maleantes, no es la única
opción. En todo caso la última de las mencionadas ha desaparecido como
tal, y no hace relativamente mucho, y las otras dos son absolutamente
optativas si se tiene la suficiente información. En fin, que vivimos
en una sociedad más libre. No necesariamente más tolerante,
pero si desde luego donde hay suficiente espacio de libertades para
poder optar por vivir una vida tranquila y digna, se llame tu compañero
de cama Maruja, Paco o Toby (o sea tu cama las Ramblas en hora punta).
Claro, los que su horizonte de años vividos son veinte, veintidós, de
los cuales ponle que quince se lo pasaron en el limbo de la niñez y
sólo a partir de esa edad pudieron verle las orejas al lobo no se dan
cuenta que ese lobo tiene ya limados muchos dientes y cortadas muchas
garras, que ese lobo ya no es lo que era. Incluso para los de la
quinta del hoyo del valle de los Caídos, la que su primer
recuerdo televisivo constituye el ataúd del Gran Anudador desciendo a
las insoldables cavernas del infierno de los perjuros y
mentirosos, ese lobo empezaba a tener caries. No nos damos cuenta de la
perspectiva de libertades que en este campo sembraron muchos. Unos que
tras sufrir vejaciones no consintieron en soportar ninguna más, otros
que no consintieron, de principio, en sufrir ninguna vejación. Otros
más que trataron, y consiguieron, esconderse en un armario y los que
quedaban que no había armario suficiente para esconder lo que sentían.
Todos ellos, a su modo y manera, lucharon por ser más libres, y han
conseguido que los gays que según joan1 niegan su propio nombre, el de
marica, los maricones de rompe y rasga, pasando por los
hambrientos que se comen un rosco de Pascuas a Ramos y los que van de
almapuras por la vida, los que buscan el amor de su vida y los que
encuentran el de una temporada, todos en suma consigamos
sentirnos orgullosos de ser lo que somos.
Eso tiene un efecto de lo más beneficioso. Una vez que asumes
con cariño lo que eres estás dispuesto a hablar y a explicar
a quien no conoce, a pararle los pies al gracioso de turno, de frente y
por derecho, a ser, en definitiva, una persona que no se esconde, que
enseña lo que quiere y cuando quiere. Un hombre tranquilo, en suma
Al fin, como quería tu padre, te pareces ¡ay! a John Wayne
Odysseus, 26 de Junio de 1.999
|